Tipos de Democracia (liberal, social, elitista)

Tipos de Democracia (liberal, social, elitista)

por Alexsandro M. Medeiros

lattes.cnpq.br/6947356140810110

            Dentro de esta noción de Democracia y, por tanto, sobre la base firme de estas reglas, se acostumbra distinguir varios tipos de regímenes democráticos. La multiplicidad de tipologías depende de la variedad de criterios adoptados para clasificar las diferentes formas de democracia. Presentaremos una lista de algunos, en función de la profundidad del nivel de estructura social global en la que se integran.

            En un nivel más superficial, se coloca la distinción basada en el criterio jurídico-institucional entre régimen presidencial y parlamentario. La diferencia entre los dos regímenes radica en la diferente relación entre el legislativo y el executivo. Mientras que en el régimen parlamentario la democracia del Ejecutivo depende de que sea una emanación del Legislativo, que a su vez se basa en el voto popular, en el régimen presidencial el jefe del ejecutivo es elegido directamente por el pueblo. Como resultado, informa de sus acciones no al Parlamento sino a los votantes que pueden sancionar su conducta política negándole la reelección.

            En un nivel inmediatamente inferior se encuentra la tipología que tiene en cuenta el sistema de partidos, que tiene dos variantes. En función del número de partidos (es decir, según el criterio numérico que caracteriza a la tipología aristotélica), se distinguen los sistemas bipartidistas y multipartidistas (el sistema unipartidista, al menos en sus formas más estrictas, no puede incluirse entre las formas de gobierno). A partir de la forma en que las partes se posicionan o se oponen entre sí en el sistema, es decir, en función de los llamados polos de atracción o repulsión de las distintas partes, se distinguen regímenes bipolares, en los que las distintas partes se agrupan en torno a  los dos polos de Gobierno y de la oposición, y multipolar, en los que los distintos partidos se disponen hacia el centro y hacia las dos oposiciones, una a la derecha y otra a la izquierda. Cabe señalar que también, en este caso, un sistema monopolar, donde no existe una oposición reconocida, no puede ser considerado entre las formas democráticas de gobierno. La segunda variante, introducida por Giovanni Sartori ofrece, en relación a la anterior, al menos dos ventajas: a) permite tener en cuenta las alianzas partidistas con la consecuencia de que un sistema multipartidista puede ser bipolar y, por tanto, puede tener las mismas características de un sistema bipartidista; b) permite una mayor distinción entre sistemas polarizados y no polarizados, si hay franjas en ambos extremos que tienden a romper el sistema (partidos antisistema). De ahí la distinción adicional entre multipartidismo extremo y multipartidismo moderado.

            Teniendo en cuenta, además del sistema de partidos, también el sistema de cultura política, Arend Lijphart distinguió los regímenes democráticos basados ​​en la mayor o menor fragmentación de la cultura política en centrífugos y centrípetos (una distinción que corresponde, a grosso modo, a la precedente entre regímenes polarizados y no polarizado). Introduciendo a continuación un segundo criterio basado en la observación de que el comportamiento de las élites puede ser más inclinado a la coalición o más competitivo, y combinándolo con el anterior, especificó otros dos tipos de Democracia que denominó "Democracia Consociativa" (consotiational) y "Democracia despolitizada", según si el comportamiento no competitivo de las élites se une a una cultura fragmentada u homogénea. La democracia consociativa tiene sus mayores ejemplos en Austria, Suiza, Holanda y Bélgica y fue denominada, especialmente en vista del caso suizo, concordante (democracia concordante, Konkordanz demokratie) y definida como el tipo de democracia en la que se llevan a cabo entendimientos de cúpulas entre líderes de subculturas rivales para la formación de un gobierno estable.

            Descendiendo a un nivel aún más profundo, que es el nivel de estructuras de la sociedad inferior, Gabriel Almond distinguió tres tipos de democracia: a) Democracia de subsistemas de alta autonomía (Inglaterra y Estados Unidos), entendiéndose subsistemas como partidos, sindicatos y los grupos de presión en general; b) Democracia con autonomía limitada de subsistemas (Francia de la Tercera República, Italia después de la Segunda Guerra Mundial y Alemania de Weimar); c) Democracia de subsistemas de baja autonomía (México).

            Los modelos ideales, más que los tipos históricos, son las tres formas de democracia analizadas por Robert Dahl en su libro Un Prefacio a la Teoría de la Democracia (1956): Madisonian Democracy, que consiste principalmente en los mecanismos de freno del poder y coincide con el ideal constitucional del Estado limitado por el Derecho o por el Gobierno de la Ley contra el Gobierno de los hombres (en el que históricamente siempre se ha manifestado la tiranía); democracia populista, cuyo principio fundamental es la soberanía de la mayoría; la Democracia poliárquica, que busca las condiciones del orden democrático, no en expedientes de carácter constitucional, sino en prerrequisitos sociales, es decir, en el funcionamiento de unas reglas fundamentales que permitan y garanticen la libre expresión del voto, el predominio de las decisiones más votadas, control de las decisiones por parte de los votantes, etc. (BOBBIO, 1998, p. 327-328 – traducción nuestra).

 

Democracia y Liberalismo

         A lo largo del siglo XIX, la discusión en torno a la DEMOCRACIA se desarrolló principalmente a través de un enfrentamiento con las doctrinas políticas dominantes de la época, el liberalismo por un lado y el socialismo por otro.

            En cuanto a la relación de la concepción liberal del Estado, el punto de partida fue el célebre discurso de Benjamin Constant sobre La libertad de los antiguos frente a la de los modernos. Para Constant, la libertad de los modernos, que debe ser promovida y desarrollada, es la libertad individual en su relación con el Estado, esa libertad de la cual las libertades civiles y las libertades políticas son manifestaciones concretas (aunque no necesariamente extendidas a todos los ciudadanos); mientras que la libertad de los antiguos, que la expansión de las relaciones hizo impracticable, e incluso perjudicial, es la libertad entendida como la participación directa en la formación de las leyes a través del cuerpo político cuya máxima expresión está en la asamblea de ciudadanos. Habiendo identificado la democracia misma sin ninguna otra especificación con la democracia directa, que era el ideal del propio Rousseau, se fue afirmando, a través de los escritores liberales como Constant, Tocqueville y John Stuart Mill, la idea de que la única forma compatible con el Estado liberal, es decir, con el Estado que reconoce y garantiza algunos derechos fundamentales, como los derechos a la libertad de pensamiento, religión, prensa, reunión, etc., fuese la democracia representativa o parlamentaria, donde el deber de legislar no concierne a todas las personas reunidas en asamblea, sino a un cuerpo restringido de representantes elegidos por aquellos ciudadanos a quienes se reconocen los derechos políticos.

            En esta concepción liberal de la Democracia, la participación del poder político, que siempre ha sido considerado el elemento característico del régimen democrático, se resuelve a través de una de las muchas libertades individuales que el ciudadano reivindica y conquista contra el Estado absoluto. La participación también se redefine como una manifestación de esa libertad particular que, más allá del derecho a expresar la opinión, a reunirse o asociarse para influir en la política del país, también incluye el derecho a elegir representantes al Parlamento y ser elegido.

            Pero si esta libertad es conceptualmente diferente de las libertades civiles, mientras que éstas son meras facultades de hacer o no hacer, mientras que aquella implica la atribución de una capacidad jurídica específica, en la que las primeras también se denominan libertades negativas y la segunda libertad positivas, el hecho mismo de que la libertad de participar, aunque sea indirectamente, en la formación del Gobierno esté incluida en la clase de libertades, muestra que, en la concepción liberal de la democracia, el énfasis se pone más en el mero hecho de la participación que en la pura concepción de la Democracia (también llamada participacionista), con la salvedad de que esta participación es libre, es decir, es expresión y resultado de todas las demás libertades. Desde este punto de vista, si es cierto que no se puede llamar propiamente liberal a un Estado que no reconoce el principio democrático de soberanía popular, aunque se limite al derecho de una parte (incluso restringida) de los ciudadanos a dar vida a un órgano representativo, es aún más cierto que, según la concepción liberal del Estado, la Democracia no puede existir si no se reconocen unos derechos fundamentales de libertad que posibiliten la participación política, guiada por una determinación de la voluntad autónoma de cada individuo.

            En general, la línea de desarrollo de la Democracia en los regímenes representativos puede figurar básicamente en dos direcciones: a) en la extensión paulatina del derecho al voto, que inicialmente estaba restringido a una pequeña parte de la ciudadanía en base a criterios basados ​​en el censo, cultura y el sexo, que luego se extendió, dentro de una evolución constante, paulatina y generalizada, a todos los ciudadanos de ambos sexos que alcanzaran un determinado límite de edad (sufragio universal); b) en la multiplicación de órganos representativos (es decir, órganos compuestos por representantes electos), que en un principio se limitaron a una de las dos asambleas legislativas, y luego se extendieron gradualmente a la otra asamblea, los órganos de gobierno local, o, en la transición de la monarquía a la República, al jefe de Estado. En cualquier sentido, el proceso de democratización, que consiste en el cumplimiento cada vez más pleno del principio-límite de la soberanía popular, se inserta en la estructura del Estado liberal entendido como Estado, in primis, de garantías. Es decir, en el transcurso de un desarrollo que ha llegado a nuestros días, el proceso de democratización, tal como se desarrolló en los Estados, que hoy se llaman Democracia Liberal, consiste en una transformación más cuantitativa que cualitativa del régimen representativo. En este contexto histórico, la Democracia no se presenta como una alternativa (como sería en el proyecto de Rousseau rechazado por Constant) al régimen representativo, sino su complemento; no es un cambio sino una corrección (BOBBIO, 1998 – traducción nuestra).

 

Democracia y Socialismo

            La relación entre democracia y socialismo no es diferente de lo que sucede con el liberalismo. También con respecto al socialismo, en sus diferentes versiones, el ideal democrático representa un elemento integral y necesario, pero no constitutivo. Integral porque uno de los objetivos propuestos por los teóricos del socialismo era el fortalecimiento de la base popular del Estado. Necesario porque sin este refuerzo nunca se lograría la profunda transformación de la sociedad que los socialistas de distintas corrientes siempre han tenido como perspectiva.

            Por otro lado, el ideal democrático no es constitutivo del socialismo, porque la esencia del socialismo siempre ha sido la idea de revolución en las relaciones económicas y no solo en las relaciones políticas, la emancipación social, como decía Marx, y no solo la emancipación política del hombre. Lo que cambia en la doctrina socialista respecto a la doctrina liberal es la forma de entender el proceso de democratización del Estado. En la teoría marxista-engelsiana, por mencionar sólo ésta, el sufragio universal, que para el liberalismo en su desarrollo histórico es el punto de llegada del proceso de democratización del Estado, constituye sólo el punto de partida. Además del sufragio universal, la profundización del proceso de democratización por parte de las doctrinas socialistas se da de dos formas: a través de la crítica a la Democracia meramente representativa y la consecuente reanudación de algunos temas de la Democracia directa y a través de la solicitud de que la participación popular y también el control del poder desde abajo se extiende desde los órganos de toma de decisiones políticas hasta los órganos de toma de decisiones económicas, desde algunos centros del aparato estatal hasta las empresas, desde la sociedad política hasta la sociedad civil. Es por ello que se habla de Democracia Económica, industrial o de la forma efectiva de funcionamiento de los nuevos órganos de control (llamados "consejos de trabajadores"), colegiado y la transición del autogobierno a la autogestión.

            En las efímeras instituciones creadas por el pueblo parisino en la época de la Comuna de París, Marx, como se le conoce, encontró que podía reunir algunos elementos de una nueva forma de democracia que llamó "autogobierno de los productores". Las características distintivas de esta nueva forma de Estado con respecto al régimen representativo son principalmente cuatro: a) mientras que el régimen representativo se basa en la distinción entre poder ejecutivo y legislativo, el nuevo Estado de la Comuna debe ser "no un órgano parlamentario, sino una obra, ejecutiva y legislativa a la vez "; b) mientras el régimen parlamentario insertado en el baúl de los viejos estados absolutistas permitió la supervivencia de órganos no representativos y relativamente autónomos que, previamente desarrollados en la institución parlamentaria, continúan siendo parte esencial del aparato estatal, como el ejército, el poder judicial y la burocracia, la Comuna extiende el sistema electoral a todas las partes del Estado; c) si bien la representación nacional característica del sistema representativo es completamente diferente de la prohibición del mandato autoritario, cuya consecuencia es la irrevocabilidad del cargo durante todo el período legislativo, la Comuna "está compuesta por consejeros municipales elegidos por sufragio en las distintas circunscripciones de París, responsable y revocable en cualquier momento; d) si bien el sistema parlamentario no logró destruir la centralización política y administrativa de los antiguos Estados, por el contrario, confirmó mediante la institución de un parlamento nacional, el nuevo Estado debería haber descentralizado, en la medida de lo posible, las mismas funciones en las "comunas rurales" que habrían enviado a sus representantes a una asamblea nacional a la que se dejarían algunas "pocas pero importantes funciones.... cumplidas por funcionarios comunales ".

            Inspirándose en las reflexiones de Marx sobre la Comuna, Lenin, en Estado y Revolución y en los escritos y discursos del período revolucionario, enunció las pautas y bases de la nueva Democracia de los Consejos que hicieron el centro del debate entre los principales teóricos del socialismo en la década del 20, de Gramsci a Rosa Luxemburgo, de Max Adler a Korsch, terminando con Anton Pannekoek, cuya obra Organización Revolucionaria y Consejos Obreros es de 1940. Lo que caracteriza a la democracia de consejos en relación a la democracia parlamentaria es el reconocimiento de que en la sociedad capitalista hubo un desplazamiento de los centros de poder de los órganos tradicionales del Estado a la gran empresa, por lo que el control que el ciudadano puede ejercer a través de los canales tradicionales de la Democracia Política no es suficiente para prevenir los abusos de poder, cuya abolición es el objetivo final de la democracia. El nuevo tipo de control solo puede tener lugar en los propios sitios de producción y no lo ejerce el ciudadano abstracto de la democracia formal, sino el ciudadano trabajador a través de los consejos de fábrica. El consejo de fábrica se convierte así en el germen de un nuevo tipo de Estado, que es el Estado o la comunidad de trabajadores en oposición al Estado de ciudadanos, a través de una expansión de este tipo de órganos en todos los lugares de la sociedad donde hay decisiones importantes que tomar. El sistema estatal, en su conjunto, será una federación de consejos unificados mediante reagrupaciones ascendentes, partiendo de ellos hasta los distintos niveles territoriales y administrativos (BOBBIO, 1998 – traducción nuestra).


Democracia y Elitismo

            La crítica que del lado del liberalismo se hace a la democracia directa, y la crítica de que el socialismo avanza hacia la democracia representativa por otro, se inspiran conscientemente en ciertos supuestos ideológicos relacionados con diversas orientaciones vinculadas a valores últimos. A fines del siglo pasado, contra la Democracia, entendida exactamente en su sentido tradicional de doctrina de soberanía popular, se formuló una crítica que pretendía, por el contrario, basarse exclusivamente en la observación de los hechos: un enfoque no ideológico, pero científica, crítica, al menos en temática, por parte de los teóricos de las minorías gubernamentales, o como se les llamará más adelante, con un nombre que hará fortuna, por parte de élites como Ludwig Gumplowicz, Gaetano Mosca y Vilfredo Pareto. Según estos escritores, la soberanía popular es un ideal-límite y nunca ha correspondido o podría corresponder a una realidad de facto, porque en cualquier régimen político, sea cual sea la "fórmula política" bajo la cual los gobernantes y sus ideólogos la representan, siempre es una minoría de personas, que Mosca llama la "clase política", la que ostenta el poder efectivo. Esta teoría concluye la larga y afortunada historia de las tres formas de Gobierno, que, como hemos visto, ha estado en el origen de la historia del concepto de Democracia desde el momento en que, en toda la sociedad, de todos los tiempos y en todos los niveles de la civilización, el poder está en manos de una minoría, no hay otra forma de gobierno que la oligárquica. Esto no implica que todos los regímenes sean iguales, sino simplemente que, si se puede resaltar una diferencia, ésta no puede depender de un criterio extrínseco como el número de gobernantes (uno, pocos, muchos), sino de las diversas formas en que una clase política se forma, reproduce, renueva, organiza y ejerce el poder. El mismo Mosca distinguió, con respecto a la forma en que se forman las clases políticas, las que transmiten el poder hereditariamente y las que se alimentan de las clases bajas; sobre cómo ejercen el poder, los que lo ejercen sin control y los que se controlan desde abajo; en este sentido, contrastó, en el primer caso, Democracia y aristocracia; en el segundo, Democracia y autocracia, identificando al menos dos tipos de regímenes que, aunque tienen una clase política dominante, se puede decir, legalmente, que son democráticos. En esta línea, la teoría de las élites recupera mucho de lo realista y no meramente ideológico que contiene la doctrina tradicional de la Democracia y tiene, como consecuencia, no tanto la negación de la existencia de regímenes democráticos sino una redefinición más que acabó siendo preponderante en la ciencia política actual de la democracia. En Capitalismo, Socialismo y Democracia (1942) Joseph Schumpeter se opone a la doctrina clásica de la democracia, según la cual la democracia consiste en la realización del bien común a través de la voluntad general que expresa una voluntad del pueblo aún no perfectamente identificada, una doctrina diferente de la Democracia que tiene en cuenta el resultado considerado realistamente inexpugnable por la teoría de las élites. Según Schumpeter, hay Democracia donde hay varios grupos que compiten por el poder a través de una lucha cuyo objeto es el voto popular. Una definición de este tipo toma en cuenta la importancia primordial, no despreciable, del liderazgo en cualquier formación política y al mismo tiempo permite distinguir un régimen de otro sobre la base de la forma en que diferentes líderes compiten por el poder, especificando en Democracia, esa forma de régimen en el que la disputa por la conquista del poder se resuelve a favor de quien logre obtener, en libre disputa, el mayor número de votos (BOBBIO, 1998, p. 325 – traducción nuestra).

(v. também ELITES, TEORIAS DAS, p. 385-391)


 

verbete DEMOCRACIA do Dicionário de Política.

BOBBIO, Norberto. Algumas tipologias dos regimes democráticos. In: BOBBIO, Norberto; MATTEUCCI, Nicola; PASQUINO, Gianfranco. Dicionário de Política. trad. Carmen C, Varriale et al.; coord. trad. João Ferreira; rev. geral João Ferreira e Luis Guerreiro Pinto Cacais. Brasília : Editora Universidade de Brasília, 1998. Vol I.


Ciencia Política → Democracia Tipos de Democracia (liberal, social, elitista)