Esfera Pública Virtual

Esfera Pública Virtual

por Alexsandro M. Medeiros

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postado em abr. 2017

            La posibilidad de interacción a través de la world wide web ha creado un nuevo espacio de discusión y debate público que ha llamado la atención de varios investigadores, que ven en Internet un sitio para la expresión de la ciudadanía, que permite a la gente interactuar con otros, “haciendo posible que los actores participen en el juego democrático a través de información política actualizada y la oportunidad de interacción. Esta esfera virtual puede ser una extensión de la esfera tradicional, actuando como espacio de extensión de la expresión política” (MEDEIROS, 2013, p. 30 – traducción nuestra). Y Benkler (apud DINIZ; RIBEIRO, 2012, p. 109 – traducción nuestra) añade: “(…) la red permite a todos los ciudadanos cambiar su relación con la esfera pública. Ya no necesitan ser consumidores y espectadores pasivos. Pueden convertirse en creadores primarios y fuentes de temas”.

            Internet ha generado la expectativa de crear la posibilidad de pensar una esfera pública virtual que transponga el dominio de la esfera pública “real” al ámbito del ciberespacio (LÉVY, 2007). Si por esfera pública podemos entender el locus, el espacio donde se desarrolla la “praxis discursiva de legitimación” (WERLE, 2013, p. 151 – traducción nuestra), donde los ciudadanos, libres e iguales, presentan sus reivindicaciones, entonces con la esfera pública virtual este locus se extiende al dominio del ciberespacio a través de redes digitales de información y comunicación como Facebook y Twitter entre otras.

En consecuencia, se pueden resumir las ventajas democráticas que brinda Internet y sus redes sociales, con base en el trabajo de Gomes (2005b), “Internet y la participación política en las sociedades democráticas”: 1) superación de los límites de tiempo y espacio para la participación política; 2) extensión y calidad de almacenamiento de información en línea; 3) comodidad, confort, conveniencia y costo; 4) facilidad y extensión del acceso; 5) sin filtros ni controles; 6) interactividad e interacción; y 7) oportunidad para voces minoritarias o excluidas (apud MEDEIROS, 2013, p. 31).

            Un ejemplo de cómo Internet puede entenderse como un espacio público virtual lo ofrece el estudio de Penteado y Avanzi (2013, p. 02 – traducción nuestra) quienes analizaron una red social, Facebook, “como un espacio de discusión política online”, a través del análisis de publicaciones en la página pública de Marina Silva en la red social sobre la aprobación del polémico Nuevo Código Forestal que generó amplias fricciones en el Congreso Nacional”, observando la interacción entre los usuarios de la red social y la exministra de Medio Ambiente a partir de sus publicaciones.

Todo el contexto de la investigación destacó las limitaciones, aún existentes, para crear un espacio en la web para debates políticos activos que lleguen a una parte significativa de la sociedad. Sin embargo, a pesar de la poca efectividad y calidad observada, el espacio digital proporcionó una expansión del debate político más allá de las instituciones políticas, creando una arena discursiva alternativa para que los representantes de la sociedad civil expusieran sus posiciones políticas (PENTEADO; AVANZI, 2013, p. 02 – traducción nuestra).

            La ex ministra y luego candidata a la presidencia de la República de Brasil utilizó ampliamente la red mundial para dar a conocer su postura en contra de la aprobación del Nuevo Código Forestal y, de alguna manera, influir en las discusiones en el Congreso Nacional, permitiéndole desarrollar una mayor interacción con los ciudadanos.

            Pero no todo es color de rosa en la world wide web. Varolo y Aguirre (2016, p. 2 – traducción nuestra) llaman la atención sobre el hecho de que las relaciones humanas que se desenvuelven a través de la world wide web, principalmente a través de las redes sociales, requieren de un cuidadoso análisis por parte de los profesionales del Derecho, cuyos hechos dan lugar a “una profundización jurídica de ciertas cuestiones , entre ellos, la limitación de algunos derechos fundamentales, y en el presente caso, más específicamente, la libertad de expresión”. Los autores se refieren al hecho concreto de cómo hoy en día el discurso del odio es un hecho recurrente a través de las redes sociales y se analiza desde la perspectiva de los derechos fundamentales, la libertad de expresión y el principio de la dignidad humana. Y es claro que este hecho también implica, de alguna manera, las relaciones democráticas que se desarrollan en el espacio virtual, pues es fácil observar cómo individuos que defienden ideologías diferentes se atacan entre sí utilizando palabras para denigrar y menospreciar a sus contrarios. Expresiones como “izquierdista” o “socialista iPhone” son comunes, utilizadas por defensores de la ideología liberal o capitalista, mientras que los socialistas suelen llamar a sus oponentes “baquetas”. Son expresiones peyorativas que poco o nada aportan a un debate sano y democrático.

            Uma legislação específica sobre o tema se fazia necessário poisLa preocupación por los derechos individuales y ciudadanos fue lo que llevó a la promulgación de la Lei Federal 12.965/2014, más conocida como Marco de Derechos Civiles para Internet. Era necesaria una legislación específica en la materia porque

A través de la red, el hombre comete actos ilícitos, propaga mensajes con contenido nocivo, vulnera derechos fundamentales de otros usuarios. Esta problematización, que no es esencialmente nueva, sino más compleja y potenciada con un disfraz tecnológico, requiere actitudes adecuadas por parte de los responsables de proteger a los seres humanos en su dignidad, incluido el Estado (SILVA et al., 2011, p. 446 – traducción nuestra).

           Silva et. al., (2011) dan un ejemplo de cómo las redes sociales pueden ser utilizadas de forma prejuiciosa e irrespetuosa con respecto a la dignidad de la persona humana, citando el caso de un imputado de delito de racismo a través del antiguo ORKUT, donde expresó su opinión contraria a la política de cuotas de la siguiente manera:

… lamentablemente en una universidad pública no se puede, para que los blancos aprueben tienen que sacar 200, y para que los monos pasen es solo sacar – [menos] 200 (…) estos negros van a echar a perder la universidad pública más de lo que ya están.. .. no saben ni escribir… (…) ahora vienen con esto de las cuotas.. quiere decir que ahora ustedes quieren utilizar como justificación el color para culpar a la gente del fracaso de ustedes (...) negro en el cielo es un buitre, negro corriendo es ladrón, negro parado es una mierda. ¿Cuál es la diferencia entre el negro y el cáncer (?) R: ¡El cáncer evoluciona! (...) Les voy a decir la verdad, monos tontos (...) vayan a estudiar con su pandilla de vagabundos (...) ya no es suficiente que los negros roben dinero (...) ahora también roban plazas en las universidades (...) ¿qué más vas a robar después? (SILVA et. al., 2011, p. 459-460 – traducción nuestra).

            Otro gran problema, muy frecuente en las redes sociales, es la difusión de noticias falsas o “fake news”, utilizando temas controvertidos y de actualidad, en gran parte asociados a la política, por parte de personas malintencionadas. Una encuesta realizada por el sitio web BuzzFeed, destaca cómo las noticias falsas sobre la operación Lava Jato, por ejemplo, superaron a las noticias verdaderas en más de 1,2 millones en términos de interacciones (participaciones, reacciones y comentarios). La encuesta excluyó blogs de opinión y sitios institucionales y se realizó únicamente a partir de la base de datos de Facebook.

            Vea las siguientes tablas con las 10 noticias falsas (primera tabla) con más interacciones en la red social y las 10 noticias reales (segunda tabla) y sus respectivas interacciones en 2016:

 

            De todos modos, con el advenimiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación surge la necesidad de pensar en un nuevo concepto de esfera pública, considerando el espacio creado por Internet y las redes sociales, aunque investigaciones en el área revelan una serie de dificultades para que las experiencias que utilizan la world wide web puedan alcanzar su máximo potencial democrático.

 

¿Optimismo o Pesimismo?

            Entre los estudiosos del papel que pueden jugar hoy las nuevas tecnologías en el campo de la política, hay quienes son más optimistas sobre la función que puede y debe desempeñar Internet como esfera pública virtual y, en cambio, quienes son más pesimista sobre este mismo rol. Y entre los dos están los más moderados.

             Los más optimistas sobre las nuevas tecnologías sostienen que su uso a gran escala podrá transformar las relaciones sociales y políticas en su conjunto, con un mayor flujo de información, fortaleciendo los lazos comunitarios, revitalizando la participación ciudadana y generando nuevas formas de relaciones de poder.

Bajo esta luz favorable, Internet es visto como un “vigorizador” de la esfera pública política argumentativa, ya que le da expresión a voces marginales, sin las barreras de la censura gubernamental ni los intereses de las industrias del entretenimiento y la información (OLIVEIRA, 2012, p. 4 – traducción nuestra).

            En un tono más moderado y cauteloso, Castells (2003) subraya la importancia y el potencial del uso de Internet en las prácticas democráticas, ampliando el acceso a la información y facilitando la organización de grupos de conversión, plebiscitos o consultas sobre un tema determinado, pero sin excluir el modelo de representación democrática a través del voto. Y Marques (2006, p. 166 – traducción nuestra) considera que los espacios públicos digitales “funcionan más adecuadamente como herramientas de apoyo para el perfeccionamiento de las instituciones democráticas (sin renunciar a ellas)” y que las cuestiones de índole nacional o la idea de una democracia directa, por ejemplo, serían más difíciles de realizarse a través de la esfera pública virtual. Marques (2006, p. 172 – traducción nuestra) también habla de dos polos entre los teóricos que discuten la posibilidad de pensar la World Wide Web como un espacio público de deliberación política:

Un primer grupo de autores admite el funcionamiento de los espacios discursivos digitales como esfera pública por excelencia, ya que las redes telemáticas actuarían como legítimo canal de expresión de voces antes marginadas y como espacio de cuestionamiento de las visiones producidas en un entorno “refeudalizado” [. ..] Hay, por otro lado, un aspecto más escéptico respecto a la eficacia de las tecnologías digitales de la comunicación para el perfeccionamiento de la democracia. Wolton (2001), por ejemplo, considera Internet y sus arenas discursivas como algo menos serio, un espacio donde predomina el caos y la experimentación adolescente.

            Y aún queda una tercera posición, defendida por el propio Marques, que entiende la esfera pública virtual más como un espacio preferentemente de conversación civil, un lugar de debates como complemento para una mejor educación cívica, pero sin mayor viabilidad para llevar a cabo una deliberación plena.

            En cualquier caso, es un hecho que Internet ha generado nuevos espacios de discusión, de tal forma que Pierre Levy llama a estos espacios “ágoras en línea”, en referencia al modo de organización política en la Antigua Grecia, donde el ágora (plaza pública) representó el lugar del debate y la discusión. A través de estas nuevas ágoras en línea, los ciudadanos pueden participar de alguna manera en los asuntos públicos. “Internet no solo te permite comunicarte más, mejor y más rápido; amplía formidablemente el espacio público y transforma la naturaleza misma de la democracia” (CARDON, 2012, p. 01 – traducción nuestra). Internet también amplía el derecho a usar la palabra, la isegoría ateniense.

           Seamos optimistas, pesimistas o moderados, las nuevas tecnologías están reinventando la práctica democrática, con la aparición de nuevas y eficaces herramientas de participación popular. En la era digital, todo indica que la democracia sufrirá (y ya está sufriendo) profundos cambios. De ahí la necesidad de pensar, y al mismo tiempo, cuestionar las posibilidades y límites del uso de Internet en el contexto de la democracia posmoderna.

 

Referências Bibliográficas

GOMES, W. Internet e participação política em sociedades democráticas. Revista FAMECOS, vol. 12, n.27, p.58-78, 2005. Acesso em 23/10/2016.

LÉVY, P. A inteligência coletiva: por uma antropologia do ciberespaço. 5.ed. Rio de Janeiro: Loyola, 2007.

MEDEIROS, Jackson da Silva. Considerações sobre a esfera pública: redes sociais na internet e participação política. TransInformações, Campinas, vol. 25, n. 1, p. 27-33, jan./abr. 2013. Acesso em 23/10/2016.

PENTEADO, Claudio L. de C.; AVANZI, Clarice. Redes Sociais e Participação Política: estudo do debate sobre o novo Código Florestal no Facebook. V Congresso da Associação Brasileira de Pesquisadores em Comunicação e Política: GT de Comunicação e sociedade civil. Curitiba-PR: 8 a 10 de maio de 2013. Acesso em 22/11/2016.

SILVA, R. Leal da; NICHEL, Andressa; MARTINS, A. C. Lehmann; BORCHARDT, Carlise Kolbe. Discursos de ódio em redes sociais: jurisprudência brasileira. Revista Direito GV, São Paulo, vol. 7, n. 2, p. 445-468, 2011. Acesso em 18/11/2016.

VAROLO, Pedro Henrique Koval; AGUIRRE, Lissandra Espinosa de Mello. A liberdade de expressão e o discurso de ódio na internet. Revista Contribuciones a las Ciencias Sociales, p. 1-20, out-dez, 2016. Acesso em 18/11/2016.

WERLE, Denilson Luis. Razão e democracia – uso público da razão e política deliberativa em Habermas. Trans/Form/Ação, Marília, v. 36, Edição Especial, p. 149-176, 2013. Acessado em 24/01/2016.

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