Evolución y unidad en la Política

por Alexis Guerra

 

 

            Uno de los ejes fundamentales de la obra de Pietro Ubaldi es la evolución, que abarca todos los aspectos de la vida humana, incluida la política, y dentro de este esquema de desarrollo, plantea un concepto llamado la Ley de las Unidades Colectivas. Para comprender mejor sus planteamientos, es preciso comenzar por definir la evolución en la concepción ubaldiana desde una perspectiva general hasta una más específica que toca a la Ciencia Política.

            Esta evolución, de acuerdo a Pietro Ubaldi, es el proceso que va desde lo más simple a lo más complejo y que abarca todos los aspectos de la creación universal; en este sentido, hay una evolución orgánica, que lleva a la construcción de individuaciones cada vez mayores que van desde el átomo, a la célula, al tejido, al órgano, al individuo, a los grupos sociales, las ciudades, los Estados, etc. Respecto a la evolución del individuo, hay un recorrido que va desde seres unicelulares hasta el hombre. Este tipo de evolución ha sido bien definida por la ciencia y se conoce como la evolución darwiniania.

            Para Ubaldi, esta evolución no se detiene allí, y hay un progresivo cambio en el hombre que lo define como una adquisición, cada vez mayor de conciencia. Respecto a la conciencia, Ubaldi la divide en tres etapas: Subconsciente, consciente y superconsciente y que corresponde a tres etapas en la evolución del hombre: la primera está relacionada con los instintos primarios, con la irracionalidad, la violencia, la ira, el egoísmo, la división, las luchas y la dominación de unos sobre otros por medio de la fuerza. En política, está ligada más al pensamiento de Maquiavelo, Bodin o Hobbes y está vinculado con gobiernos monárquicos, hegemónicos o totalitarios.

            Al referirse a la segunda etapa, consciencia, Ubaldi dice que el conocimiento es fundamental y apunta a la racionalidad, a la comprensión y a la aceptación de deberes y derechos en la vida en comunidad. Se vincula más con el pensamiento de Locke, Montesquieu, Rousseau o Tocqueville y abarca, políticamente a los estados democráticos. Uno de los inconvenientes que se vislumbra es que el conocimiento,  la inteligencia, en muchas ocasiones, es usada para fines particulares en perjuicio del conglomerado. Éste es uno de los factores más cuestionados del Capitalismo y de la manipulación en los sistemas democrático.

            La tercera etapa o superconsciente se refiere a nuevas cualidades a adquirir por el individuo y corresponde más a los valores morales como base para una vida en comunidad en armonía con todos los elementos, a la actuación por voluntad propia de cada persona, que observa en ello las ventajas para todos de este modelo de vida. En política este tipo de Estado es futurista, que no se impone, sino que conduce a una nueva sociedad y que ambas partes (Estado y sociedad) trabajan unidas, que se dirige una economía en las que la ambición y el lucro desmedido desaparecen para dar paso a priorizar el beneficio y la satisfacción de consumidores; a comunidades solidarias que procuran construir sin perjudicar a nadie, que fomentan el conocimiento, la cultura, la justicia, la equidad y, sobre todo, manteniendo la libertad de cada individuo como célula importante en esta nueva sociedad. “El individualismo del tipo biológico dominante no desaparece en esa nueva organicidad; al contrario, en ésta sus funciones se coordinan” (Ubaldi, 2007).

            A la par de esta evolución del individuo, también progresan las comunidades que se fortalecen con la adquisición de consciencia de una cantidad mayor de personas, lo que genera un progresivo crecimiento de las sociedades en conglomerados cada vez mayores y mejores, tanto por interés particular como por la observación de más beneficios en la medida en que se crece en un proceso de integración que traspasa fronteras.

            Resumiendo, la evolución se definiría, entonces, como la adquisición constante de conciencia por parte de las personas respecto a la importancia de actuar según normas que beneficien a los otros, que no produzcan daño a nadie y que en este modo de actuar el mismo individuo comprenda y sienta que él es el mayor beneficiario de una sociedad donde todos buscan el bien colectivo.   Respecto a la Ley de Unidades Colectivas significa que “toda individualidad resulta compuesta de individualidades menores” y que, en la medida que el hombre evoluciona, los conglomerados sociales son cada vez mayores en un proceso de unificación e integración (Ubaldi, 1992).

            Ambos conceptos están en consonancia con lo que algunos filósofos llaman el sentido correcto de la vida. Pietro Ubaldi lo denomina el telefinalismo de la vida, es decir, el rumbo al que conduce esta evolución, que es la unificación, integración, solidaridad, igualdad, empatía, justicia y libertad. Estos aspectos son contrarios a la visión negativa del Estado de la que habla Norberto Bobbio respecto al Socialismo  y que marchan en sentido contrario a esta doctrina  y que se fundamenta en el odio, la violencia y es destructiva.

            En consonancia con la propuesta ubaldiana, es conveniente citar a Aristóteles, de cuya filosofía se desprenden tres elementos o conceptos importantes: El primero es lo que llamó eudaimonia o la vida buena, que es el bien mayor al que pueda aspirar una persona; también cita que solo en sociedad llega el hombre a desarrollarse plenamente; pero esta vida en sociedad, esta condición de buen ciudadano requiere de la virtud. “Un individuo es buen ciudadano cuando tiene la virtud propia que le permite participar en la pólis”. Aristóteles también hace referencia a la bondad, como una condición necesaria para que el individuo logre tener una vida buena.

            La conclusión de las propuestas aristotélicas junto con lo propuesto por Pietro Ubaldi sería, entonces, que el individuo busca un bien mayor, pero esta búsqueda es permanente en el ser y ello lo lleva a evolucionar a luchar para satisfacer este deseo, ahora como la vida plena se realiza en sociedad, dado que ésta tiene mayores ventajas, entonces procura crear conglomerados cada vez más grandes; sin embargo, ello requiere que los individuos tengan virtud, que son los valores morales que le permiten la vida en armonía con otras persona; en especial, la bondad, que lleva al hombre a la empatía y a ceder parte de sus derechos para alcanzar mayores beneficios en el conjunto.

            También Kant destacó la moralidad como asunto fundamental para el desarrollo y la convivencia humana. El filósofo alemán relaciona la conducta con los principios éticos, destacando que es necesaria una sociedad civil que contribuya a impulsar y estimular conductas moralmente correctas o conformes al deber, ya que ello facilitará que se afiance o generalice la moralidad en el sentir, esto es, una forma de conducta de sujetos que actúan al mismo tiempo conforme al deber y por deber, fomentadas por una educación práctica que tiene que asumir la exigente tarea de asegurar el desarrollo de la totalidad de las disposiciones y capacidades humanas. “El hombre está destinado, por su razón, a estar en una sociedad con hombres y en ella, y por medio de las artes y las ciencias, a cultivarse, a civilizarse y a moralizarse” (Kant en Ocampo 2011).

            Spinoza, Rousseau, Montesquieu, Locke, Tocqueville y, en general, la casi totalidad de los clásicos de la filosofía y de la política   han considerado las virtudes como el camino para vivir de acuerdo con el entendimiento, con lo razonable, pero también con lo que es beneficioso para la mayoría, tomando distancia de lo que han sido seguidores de doctrinas violentas.

            Estos estudios y la manera cómo se orienta la vida, son claros: la vida camina hacia lo bueno, hacia la unidad, hacia el bien, hacia la integración, la solidaridad y la cooperación porque, a pesar de todas las vicisitudes que puedan presentarse, estos valores rinden mayores beneficios para todos. “Al fin de cuentas, los grupos humanos que han sobrevivido lo han hecho gracias a su capacidad de crear lazos internos, pactos de ayuda mutua con todos aquellos que nos son necesarios para sobrevivir y prosperar” (Cortina, 2013).

            Quizá pueda argumentarse que esta es una visión muy idealista y filosófica, que no se adapta a la realidad. No obstante, los estudiosos de la gerencia moderna, y de la psicología social han profundizado sobre estos temas, llegando a conclusiones similares. Asimismo, en la historia hay sobrados ejemplos de este camino, que es contrario a los totalitarismos y a los gobiernos absolutistas, países que han surgido de la catástrofe y se han superado adoptando la investigación, el trabajo y la ética como elementos fundamentales para el desarrollo. Ambos aspectos, la teoría que se origina de trabajos científicos y la práctica, derivada de los indicadores que muestran estos países, demuestran que el mejor camino para la vida buena, para el desarrollo, la libertad, y el bienestar ciudadano es el de la unidad, la cooperación, el esfuerzo conjunto y una ética ciudadana y política acorde con el bien y la justicia.

 

Bibliografía consultada

Aristóteles (1982). Ética Nicomaquea, Madrid, Ediciones Aguilar

Bobbio Norberto (1976). La teoría de las formas de Gobierno en la historia del pensamiento político. Fondo de Cultura Económica, México.

Bueno, María (2018). Aristóteles y el ciudadano. Tópicos (México). https://dx.doi.org/10.21555/top.v0i54.892

Cortina, Adela (2013). ¿Para qué sirve realmente la ética?, Editorial Paidós, Madrid, ISBN: 978-84-493-2877-0

De Tocqueville, Alexis (2012). La democracia en América. https://mcrcalicante.files.wordpress.com/2014/12/tocqueville-alexis-de-la-democracia-en-america.pdf

Hobbes, Thomas (1987). Leviatán o la materia, forma y poder de una república eclesiástica y civil. Fondo de Cultura Económica, México.

Locke, John (2006).  Segundo Tratado sobre el Gobierno Civil: un ensayo acerca del verdadero origen, alcance y fin del gobierno civil, trad. de Carlos Mellizo, Clásicos del pensamiento. Tecnos, Madrid. 

Maquiavelo, Nicolás (1981). El Príncipe. Editorial Mediterráneo, Madrid.

Montesquieu (1989). El Espíritu de las Leyes. Ediciones Universales, Bogotá.

Rousseau,  Jean (1963). El Contrato  Social  o  principios  del derecho  político, traducción  de  Enrique  de  la Rosa. Fabril Editora, Buenos Aires.

Ocampo, Luis. (2007). Conflictividad y sociedad civil en la democracia representativa. En A. Chávez & L. E. Ocampo (Coord.), Voces y Letras en insumisión, movimientos sociales en América latina.

Spinoza, Baruch (2002). Tratado teológico-Político. RBA, Barcelona.

Ubaldi, Pietro (1972), La Gran Síntesis, IPU Venezuela, Maracaibo.

Ubaldi, Pietro (1986), Ascensoes Humanas. Fundapu. Campos de Goytacazes, Rio de jneiro

Ubaldi, Pietro (2007). A Nova Civilizacao do Terceiro Milenio., Fraternidad Francisco de Asís, Campos de Goytacazes, Rio de Janeiro.

 

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