Filosofía en el siglo XXI: desafíos en la era globalizada

Filosofía en el siglo XXI: desafíos en la era globalizada

por Alexsandro M. Medeiros y Alexis Guerra

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publicado en: fev. 2020

versión en Portugués

            Además de una comprensión filosófica de los problemas sociales y considerando que estamos ante una sociedad cada vez más globalizada, la filosofía también necesita reflexionar sobre este nuevo modelo de sociedad. En un período en el que la “globalización” es considerada el mayor “avance” de la humanidad desde las grandes conquistas del Imperio Romano, las relaciones sociales en este proceso también están (y todavía) cuestionadas. Se forman inmensos bloques económicos, se intenta establecer una moneda única, se intenta traspasar las fronteras que antes se presentaban como un gran logro: la formación del Estado. Finalmente, presenta una nueva lectura de la sociedad contemporánea que intenta descubrir una forma de progreso y reorganización del espacio geográfico. En este proceso dialéctico de avance y retroceso se formulan numerosas teorías sobre la realidad. Economistas, Políticos y Geógrafos, realizan sus observaciones y reflexiones sobre los problemas emergentes de la sociedad, elaboran sus teorías y proponen nuevas soluciones.

            En este contexto, el existencialismo nunca ha sido tan útil, al definir la existencia como punto de partida de la reflexión filosófica y fundamento de la realidad, resaltando el valor de la persona, la existencia y la libertad. Una existencia marcada por las desigualdades sociales, por la explotación del hombre por su prójimo, es evidente. Ni Karl Marx podría imaginarse que el trabajo manual fuera capaz de generar tantos beneficios. La plusvalía – término característico de la filosofía marxista, según el cual el beneficio de los grandes capitalistas proviene de la explotación del trabajo de los trabajadores – es solo un esbozo anticuado de lo que sucede en nuestra sociedad.

            Por otro lado, el advenimiento de tantas sectas e iglesias, el "tribalismo religioso", la construcción de nuevos mitos y deidades, en un momento en el que la ciencia parecía hacer obsoletas las investigaciones teológico-religiosas, retrata un movimiento para acercar al hombre a la búsqueda interminable de su creador, y en busca de su génesis.

            Finalmente, hay una multiplicidad de hechos y actos aparentemente desconectados que se entrelazan dentro de la sociedad, interactuando entre sí y constituyendo el elemento más complejo imaginable: el hombre contemporáneo. Este hombre, lo sabemos, es, por excelencia, un ser social que, en su enfrentamiento diario con la realidad, ve surgir sus problemas.

           Teóricamente, le correspondería a la Ética, Epistemología, Filosofia Política, Metafísica, entre muchas ramas de la Filosofía, ayudar al hombre en la búsqueda de soluciones a sus principales problemas, ya que tratan de la moral, la "reorganización" de la sociedad, existencia, entre muchos otros asuntos.

            Sin embargo, las ciencias empíricas, bajo la égida del positivismo, son las encargadas de realizar -muy mal, por cierto- la función de la Filosofía. Evalúan la realidad y describen su fenomenal comprensión de los hechos, aunque sin el rigor crítico necesario.

            Mientras tanto, la Filosofía permanece disponible para hacer su contribución. Y, quizás, una de sus aportaciones más significativas es intentar mostrar al hombre que no es un mero producto del entorno, un ser pasivo que sufre las interferencias de las personas que lo rodean y reacciona como tal. El hombre también interfiere activamente en el entorno, creando y transformando la sociedad (sea cual sea su modelo político-ideológico, capitalismo o socialismo) y sus componentes. Vive con sus compañeros en una especie de “dialéctica existencial”, interactuando con otras personas y con el entorno. Ante esta compleja “interacción”, que no es estática, sino dinámica, los rasgos personales del individuo se confunden y, muchas veces, comienza a actuar en función de los pensamientos del otro. Entonces el discurso filosófico aparece para desarrollar el pensamiento crítico, buscando reflexionar sistemáticamente sobre las innumerables prácticas sociales, porque no se puede pensar en ningún individuo al que no se le pida que reflexione y actúe dentro de la realidad en la que se encuentra.

 

La trampa del materialismo

            Ya el filósofo italiano, Pietro Ubaldi, lo había previsto en 1931 cuando escribió su libro La Gran Síntesis, en el cual, haciendo una reflexión sobre los avances científicos, dijo: “Vuestra ciencia se ha lanzado a un callejón sin salida, donde vuestra mente no tiene porvenir…Está ciencia pasó como huracán destructor de toda fe y os ha impuesto, con la máscara del escepticismo, un rostro sin alma” (UBALDI, 1972)

            Estas palabras tienen un profundo significado para la vida del hombre y se verifican en la actualidad, dado que todo este conocimiento, muy útil, materialmente, no ha resuelto los grandes dramas del ser, de su personalidad, de sus miedos y depresiones, de sus vacíos del alma, y de establecimiento de sociedades firmes en las que el gran anhelo humano, la felicidad sea realidad.

           Qué ocurrió, por qué el mundo llegó a este momento de insatisfacción, de crisis, y hasta hubo que crear nuevas palabra y conceptos para explicar algunas las características de esta modernidad: estrés, depresión o ansiedad son ahora términos comunes de la vida diaria que nuestros abuelos pocas veces o nunca escucharon.

            La razón es que tenemos la fuerte tendencia a creer sólo en lo que podemos tocar, en lo material y la ciencia, adolece de este “pecado de origen”, como lo dice Ubaldi, y esta visión materialista, agnóstica, limitada y, por lo tanto, incompleta, ha conducido al mundo a este callejón sin salida. Hemos dejado a un lado el alma, la esencia de la vida y hemos dado la espalda a Dios y a las leyes de la creación, creyendo que solo nuestro intelecto y nuestras fuerzas bastaban para conducir la vida del ser.

          La misma filosofía y las religiones, incluso, se han perdido en este mar incierto, divididas como han estado, por visiones particulares que impiden observar el gran movimiento de la vida. El mismo existencialismo, primero religioso y después enfocado sólo en esta visión materialista (es decir ateo), ha caído en este vacío.  Es cierto, la vida humana se define por interacciones en la sociedad, con otros seres, pero también hay otro gran componente, lo imponderable, las leyes divinas, el mundo espiritual que ha sido desdeñado por el materialismo, con las fatales conclusiones que vivimos hoy.  “Nuestro momento histórico se puede definir frente a estas raíces intelectuales, como el rostro luciferino de la negación, como la hora de la desorganización social y de la liquidación de los valores éticos…” (UBALDI, 1986)

 

Cambios

        Ante este dramático panorama es preciso actuar, procurar un cambio de rumbo, reorientar la vida hacia lo verdaderamente importante. No se trata de disminuir el valor de lo hecho por la ciencia, sino de buscar un equilibrio ante un mundo que evolucionó exponencialmente en lo material, pero que sufre de atrofia espiritual.

          A pesar de los conflictos actuales, de los elementos que amenazan la vida en sociedad, hay un revisionismo, un derrumbarse de viejos dogmas que presagian un nuevo modelo de sociedades en las que el individuo o sujeto refuerza su actuación a través de la participación para construir, unido a otros, la nueva civilización del tercer milenio. Para Ubaldi, “las leyes de la vida contienen ese principio, esto es, la tendencia a formar, por la cooperación, nuevas, mayores y superiores unidades biológicas y la humanidad será una de ellas”. En ello trabajan pocos, individuos que luchan con sus ideas ante una mayoría que quiere persistir en el agnosticismo, son los héroes modernos que apartados del barullo se aferran a la ética y a este mundo espiritual para establecer nuevos lineamientos para la vida y crear un mundo de justicia y paz.

            En medio de esta lucha de ideas y de ideales, la filosofía tiene la inmensa tarea de ser guía y organizadora, orientada siempre por los principios de los grandes maestros de la vida, como Platón, Aristóteles, Sócrates, San Agustín, Santo Tomas de Aquino, Pietro Ubaldi y de muchos otros que en silencio han sido los reveladores de una verdad mayor. Con ellos, sin duda, el mundo será mucho mejor.

          La ciencia no puede seguir ignorando a Dios, al mundo espiritual y las leyes universales de la vida. Hay mucha evidencia, histórica, muchos datos actuales y demasiados testimonios en el mundo para pensar en casualidades o creer solo en nuestras fuerzas y cálculos humanos. Además, una visión mucho más amplia de la vida, un existencialismo absoluto, debe abarcar todos los aspectos de la creación, este mundo social, de interacciones humanas, pero también este otro, de un gran relacionamiento con lo espiritual y con las leyes universales.

 

Referências

UBALDI, Pietro. La Gran Síntesis, IPU Venezuela, Maracaibo, 1972.

UBALDI, Pietro. Ascensoes Humanas. Fundapu. Campos de Goytacazes, RJ, 1986.

 

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