Algunas consideraciones sobre las redes sociales y la libertad de expresión

          Inspirado en un hecho del que tomé conocimiento a través de la red social “Facebook” (ver aquí), en el cual una persona aprovechándose de una fotografía que tomó en carnaval y que practica el delito de difamación racial, presento este artículo con el objetivo de exponer algunos consideraciones pertinentes al sentimiento erróneo de que las redes sociales son medios para expresarse de manera intrascendente.

            Las redes sociales, a pesar de ser un mecanismo para ampliar contactos sociales, fuentes de marketing, herramientas de noticias, también representan un “campo” de prácticas delictivas.

            Esto se debe a la falsa sensación de libertad ilimitada que los usuarios de las redes sociales creen tener, además de la falta de empatía, lo que hace que utilicen el poder para expresarse de manera irresponsable.

            Las agresiones por medios virtuales en ocasiones van más allá de las meras “molestias”, convirtiéndose en auténticos delitos contra el honor (calumnia, falsedad o difamación) entre otras prácticas delictivas. Sin embargo, el presente artículo surgió de una práctica de insulto racial (a mi entender) ya que el muchacho que la practicaba, aprovechó una fotografía que obtuvo junto a un grupo aleatorio de personas durante el carnaval, publicada en las redes sociales, poniendo un pie de foto en el que pregunta, irónicamente, dónde estaría una de sus pertenencias (dando a entender que ese grupo le había quitado). Coincidencia o no, ese grupo eran personas “negras”.

           Tal hecho no ocurre ocasionalmente, son actividades rutinarias, y que nos encontramos con facilidad al navegar por las redes sociales.

          Los temas atacados van desde la discapacidad intelectual, la libertad religiosa, las opciones sexuales, incluso las profesiones (no estoy agotando los objetivos, solo menciono algunos) -todos protegidos por la ley penal o por una legislación (brasileña) penal extravagante, como el delito contra las personas con discapacidad (art. 88 - art. 91 de la Ley 13.146/15). Así, los infractores provienen de las más variadas condiciones sociales, nacionalidades, ideologías políticas, profesiones, etc.

          El fácil acceso a internet, además de tener una “página” en la red social, no es razón para justificar los delitos cometidos en estos medios de comunicación, basta para entender las razones de causa y efecto que llevan a una sociedad a la falta de sensibilidad y de respeto en general.

            En este sentido, Paulo Sumariva, al disertar sobre los factores de criminalidad, en lo que respecta a la educación y la alfabetización, explica que:

“La educación y la enseñanza son factores inhibidores del crimen. Sin embargo, su carencia o defectos pueden contribuir en gran medida a la creación de un sentido moral distorsionado de la primera infancia. Ciertamente, la educación familiar juega un papel relevante en la formación de la personalidad humana”.

            Así, se concluye que, en el caso en cuestión, la persona que presuntamente cometió el delito de injuria racial está sujeta a cometer eventualmente nuevos delitos, en su momento, de la misma modalidad, al haber visto desvirtuado su sentido moral. Y aquí, se destaca el término “eventual”, porque se cree que el hecho le ha enseñado a esa persona los límites de la libertad de expresión, incluso porque, el acto intrascendente, le costó al menos su trabajo, según el texto del citado enlace (no sabía de otras medidas que se tomaron contra esta persona).

           Tenemos, por tanto, que las redes sociales brindan la dimensión de demasiada oportunidad, en la que podemos comunicarnos, publicar, informar, alertar, entre otros recursos.

            Así, la libertad que nos garantiza nuestra Constitución es restringida por ella, por lo que quienes la exacerban son reprimidos por nuestro Derecho penal, razón por la cual, además de las responsabilidades que asumimos con el “término de uso” de cada red social, también tenemos el deber de respetar las diversidades, so pena de la incidencia de nuestras leyes penales.

 

Referência:

Sumariva, Paulo. Criminoligia: teoria e prática/ Paulo Sumariva. 4. ed. - Niterói, Rj Impetus, 2017

 


 

vía Jusbrasil

 

 

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