Representación Política

Representación Política

 

            Según Kinzo (1980, p. 21 – traducción nuestra) “el concepto de representación política ha sido utilizado en los más diversos sentidos, asumiendo una connotación tan amplia que ha servido para justificar el poder en regímenes de los más diversos matices”. Kinzo es categórica al afirmar que, desde los estadistas que asumieron el poder por la vía electoral, hasta los sostenidos por regímenes autoritarios, pretenden erigirse como los representantes del pueblo de su nación, por lo que el concepto y la práctica de la representación política no siempre ha estado relacionado con la democracia y la libertad.

La representación política tiene varios significados dados por políticos y teóricos políticos. La primera forma de entender el concepto de representación estuvo dada por la mirada de Hobbes, en una concepción centrada en la idea de autoridad. El segundo enfoque es el que desarrolla la idea de representación como reflejo de algo o alguien. Y el tercero centraliza la discusión en la actividad misma de representar. (KINZO, 1980, p. 21 – traducción nuestra).

            De modo que el concepto de representación para Hobbes proviene de la noción de autoridad. En la visión de Hobbes la representación está íntimamente ligada a la idea de autoridad; pero precisamente, es el concepto mismo de autoridad el que permite pensar la representación. Hobbes (1974) parte de la noción de que, teniendo un hombre el derecho de realizar una acción, es decir, la propiedad de la acción (lo que él llama “autor”), este hombre puede realizarla por sí mismo, o puede autorizar a alguien a que lo haga por él.

            Pasando al dominio de la política, la pregunta surge de la siguiente manera. Partiendo de la idea del estado de naturaleza, que es un estado de guerra de todos contra todos y donde la lucha permanente de unos contra otros por deseos contrapuestos haría imposible la convivencia entre los hombres, se hace necesario un pacto social (Os Contratualistas) para crear una unión duradera entre ellos y es por esta necesidad que los hombres crean un Estado, autorizando a uno de ellos a representarlos.

            Si bien Hobbes fue uno de los primeros en pensar la representación como una cuestión de autoridad, Kinzo (1980) afirma que no fue el único en defender esta idea; pues muchos teóricos políticos modernos han incorporado esta definición, ya sea en su versión original o dando lugar a una versión modificada, enfatizando la forma en que se atribuye la autoridad. Max Weber también desarrolló una concepción similar a la de Hobbes. Para él: “la acción de ciertos miembros de un grupo se atribuye al resto; o se supone, y de hecho ocurre, que los demás consideran la acción como “legítima” para ellos mismos y asumiendo un carácter de compromiso” (KINZO, 1980, p. 24 – traducción nuestra).

            La representación implica autoridad de ciertos miembros específicos para actuar en nombre del grupo, y la autoridad implica consentimiento, legitimidad. De modo que en la medida en que la acción está legitimada, el que consiente se compromete a la acción.

           Asimismo, es correcto decir que representar es de alguna manera reflejar a los representados. En términos de la concepción descriptiva, es plausible decir que una de las formas de asegurar la relación entre representantes y representados es a través de la presencia de un cuerpo legislativo de representantes de todos los segmentos de la población, o incluso de un grupo o clase social que tiene algunos de sus miembros presentes en la legislatura.

            Pensando un poco en la representación política en Brasil y utilizando los aportes de Kinzo (2004), sabemos que ya existían elecciones indirectas en Brasil durante el período colonial para la escogencia de representantes de los consejos municipales. En este período, este procedimiento de votación oral y abierta provenía, por un lado, de la noción vigente en la época de que votar era un acto público y una forma de que los electores mantuvieran abiertamente sus opiniones, aunque, de hecho, funcionaba como una forma de controlar el voto. Por otra parte, respondía a una cuestión práctica en la medida en que el derecho al voto se extendía a los analfabetos.

            Además de la participación desigual en este proceso de elección de representantes, gran parte de la población quedó marginada del sistema representativo, como los esclavos, los que no alcanzaban los ingresos requeridos y las mujeres, cuya exclusión ni siquiera se menciona en el texto constitucional.

Independientemente de la existencia o no de un sistema representativo en la línea concebida por el pensamiento liberal-democrático, existe un debate desde la época imperial sobre la cuestión de la representación política en Brasil. A veces abstraídos de lo que sucedía a nivel de participación, de elecciones que no legitimaban más que el fraude mismo, teóricos y políticos discutían cómo formar un órgano representativo, dando lugar a frecuentes propuestas de reforma, siempre con el objetivo proclamado de llevar la “Verdad de la Representación”, haciendo también abstracción de las condiciones socioeconómicas. (KINZO, 2004, p. 95 – traducción nuestra).

            Cualquiera que sea la idea de representación, en el Brasil del siglo XIX o en la Europa del siglo XX, podemos decir que la representación puede ser pensada a través de dos cuestiones fundamentales: ¿qué debe hacer un representante y cómo debe actuar?

            Una respuesta a estas preguntas podría resumirse en estas dos afirmaciones: a) un representante debe representar un interés específico y un cuerpo de representantes representa el interés de la nación; b) un representante debe ser independiente en su actividad de representación.

            Y al hablar de representante y representado, no podemos dejar de reflexionar y analizar el papel que juegan los partidos políticos en este proceso, después de todo, es a través de un partido político que alguien puede ser representado, ya sea en la esfera del poder ejecutivo (presidente, gobernadores, alcaldes) o el legislativo (senadores, diputados federales y estatales, concejales).

            El tema de la representación a través de los partidos políticos es un tema fundamental dentro del modelo de sociedad democrática, aunque no consensual. Aunque algunos ven con recelo el modelo representativo, como es el caso de los filósofos David Hume, Jean-Jacques Rousseau y Tocqueville (BONAVIDES, 2000, p. 452 – traducción nuestra), es poco probable pensar en un modelo de sociedad democrática sin representación política a través de partidos, debido a la complejidad que el modelo democrático impone a la sociedad. “Estamos, sin embargo, lejos de un concepto universalmente aceptado de las relaciones positivas que pueden existir entre el sistema de partidos y la democracia” (LAMOUNIER, 1980, p. 65 –traducción nuestra). Varios estudios hoy en día apuntan a que los partidos políticos son fundamentales para el funcionamiento del régimen democrático (BRAGA, 2006; ELDERSVELD, 1982; HUNTINGTON, 1991; MAINWARING, 1999; MENEGUELLO, 1998; SARTORI, 1982; SCHMITTER, 2001). Lo que no quiere decir que los partidos políticos hayan cumplido sus funciones como la sociedad espera que sean. Y en tiempos de redemocratización “[...] es oportuno verificar cómo los brasileños evalúan los partidos políticos, en qué medida estos son instrumentos importantes en la conformación de preferencias electorales así como el grado de conocimiento y confianza que tienen con el electorado” (PAIVA ; BRAGA; PIMENTEL JÚNIOR, 2007, p. 390 – traducción nuestra), y también en qué medida los votantes y ciudadanos en general se sienten representados por los partidos políticos en el juego político y electoral. Para un análisis de “los sentimientos del electorado” sobre los partidos en el sistema de partidos brasileño, sugerimos leer el artículo de Denise Paiva, Maria Braga y Jairo Pimentel Júnior. Los investigadores analizaron el tema desde dos aspectos que podrían servir como variables para explicar la estructuración del voto de los electores: su evaluación de los partidos como organizaciones y si existen vínculos afectivos entre ambos: electorado y partidos.

           Además de estas preguntas, aún deben analizarse otras en el contexto democrático de la representación política partidista: después de todo, ¿cuáles son las ventajas y/o desventajas de un modelo de sistema representativo de partidos? O incluso: “[...] ¿en qué sentido son [los partidos políticos] esenciales para la democracia?”. (LAMOUNIER, 1980, pág. 65 – traducción nuestra). ¿Puede un gobierno representativo funcionar sin partidos políticos o son ineludibles para el sistema democrático? La desconfianza en el modelo de representación partidista es pertinente: los ciudadanos se sienten cada vez menos representados políticamente por políticos cada vez más involucrados en escándalos y procesos de corrupción y, por tanto, haciendo que los partidos vayan perdiendo sentido a los ojos de los votantes. Algunos estudios han llamado la atención sobre el grado de desconfianza que los partidos políticos han gozado entre los votantes (CARREIRÃO; KINZO, 2004; KINZO, 2005; PAIVA; BRAGA; PIMENTEL, 2007).

            Comparando el sentimiento de representación por un partido político de los votantes y el sentimiento de simpatía por un partido entre 2002 y 2006, se puede hablar de una caída de más del 10% entre un periodo y otro en el primer caso y del 15% en el segundo, según a las tablas siguientes:

(PAIVA; BRAGA; PIMENTEL, 2007, p. 393)

            La desconfianza inicial de los escritores políticos de la literatura “antipartidista” se justifica en parte por el hecho de que inicialmente no había una distinción clara entre partido político y facción:

Madison en The Federalist usa las dos expresiones indistintamente. Por lo tanto, es un avance hacia el reconocimiento de la importancia de los partidos políticos para que aparezcan separados de las facciones. Cuando los dos conceptos se usan de manera diferente, el partido es el lado positivo, la fracción el lado negativo de la participación política organizada [siendo la fracción un partido más violento y particularista –de interés privado] (BONAVIDES, 2000, p. 453-454 – traducción nuestra).

            Y agrega Paulo Bonavides:

En opinión de algunos autores contemporáneos, la fracción continúa existiendo dentro de las organizaciones del partido. El partido busca tomar el poder para controlar el gobierno. La facción busca dominar la maquinaria del partido, con miras a someterla a su política e intereses (2000, p. 454-455 – traducción nuestra).

            Contemporáneamente, la desconfianza de los votantes hacia los partidos políticos, o más precisamente, hacia los políticos individuales, tiene varias otras fuentes, la más importante de las cuales, por supuesto, es la asociación de la política con los numerosos escándalos de corrupción que vemos hoy. En todo caso, una vez establecidas las condiciones y posibilidades de un sistema democrático representativo, es importante saber en qué medida esta representatividad ha hecho posible la realización de un gobierno democrático atendiendo a los principales intereses de la sociedad y la colectividad.

En otras palabras, es necesario analizar si el funcionamiento de las instituciones y los mecanismos democrático-representativos ha logrado que el órgano de representantes sea, de alguna manera, un retrato de la sociedad, y que los funcionarios electos rindan cuentas a la población y ejerzan sus funciones. con responsabilidad y eficiencia (KINZO, 2004, p. 28 – traducción nuestra).

            Kinzo (2001, p. 10 – traducción nuestra) señala algunas dificultades para el funcionamiento del sistema democrático representativo, desde el punto de vista de los partidos políticos, tales como: la existencia de un sistema de partidos altamente fragmentado; la falta de identidad partidista e ideológica (al menos en la práctica) que hace poco claras las opciones que se ofrecen a los votantes en el proceso electoral y dificulta distinguir quién es quién en la contienda electoral; la elección de diputados poco comprometidos con su partido y, en consecuencia, con los votantes que los eligieron; la necesidad de establecer un gobierno de coalición de varios partidos para obtener apoyo en las cámaras legislativas (una base parlamentaria de apoyo para la aprobación de sus políticas), obligando a un jefe de gobierno a componer su ministerio con diferentes fuerzas partidistas, muchas veces heterogéneas.

 

Referências Bibliográficas

BONAVIDES, Paulo. Ciência Política. 10. ed. São Paulo: Malheiros Editores, 2000.

BRAGA, M. S. S. O Processo Partidário-Eleitoral Brasileiro. Padrões de Competição Política. São Paulo: Humanitas/Fapesp, 2006.

CARREIRÃO, Y. de S.; KINZO, M. D. G. Partidos políticos, preferência partidária e decisão eleitoral no Brasil (1989-2002). Dados – Revista de Ciências Sociais, vol. 47, n. 1, p. 131-168, 2004. Acessado em 07/01/2016.

ELDERSVELD, S. Political parties in American Society. New York: Basic Books, 1982.

HOBBES, Thomas. Leviatã ou, Matéria, Forma Poder deum EstadoEclesiástico e Civil.(Tradução de João Paulo Monteiro e Maria Beatriz Nizza de Silva, São Paulo: Abril Cultural, 1974.

HUNTINGTON. A terceira onda. A democratização no final do século XX. São Paulo: Editora Ática, 1991.

KINZO, Maria D’Alva. A democratização brasileira: um balanço do processo político desde a transição. São Paulo em Perspectiva, vol.15, n.4, p. 3-12, out./dez. 2001. Acessado em 09/01/2016.

____. Partidos, Eleições e Democracia no Brasil Pós-1985. Revista Brasileira de Ciências Sociais, vol. 19, n. 54, fevereiro/2004, p. 23-41. Acessado em 05/01/2016.

____. Os Partidos no Eleitorado: percepções públicas e laços partidários no Brasil. Revista Brasileira de Ciências Sociais, vol. 20, n. 57, p. 65-81, fev. 2005. Acessado em 10/01/2016.

____. Representação Política e Sistema Eleitoral no Brasil. São Paulo: Símbolo, 1980.

LAMOUNIER, Bolivar. Partidos políticos e redemocratização: notas para debate. Revista de Administração de Empresas, vol. 20, n. 2, p. 65-67, abr./jun. 1980. Acessado em 05/01/2015.

MAINWARING, S. Rethinking Party System in the Third Wave of Democratization: The case of Brazil. Stanford: Stanford University Press, 1999.

MENEGUELLO, R. Partidos e Governos no Brasil Contemporâneo (1985-1997). São Paulo: Paz e Terra, 1998.

PAIVA, Denise; BRAGA. Maria do Socorro S.; PIMENTEL JÚNIOR, Jairo T. P. Eleitorado e Partidos Políticos no Brasil. Opinião Pública, vol.13, nº2, 2007. Acessado em 07/01/2016.

SARTORI, G. Partidos e sistemas Partidários. Brasília: Ed.UnB, 1982.

SCHMITTER, P. C. Parties are not what they once were. In: DIAMOND, L.; GUNTHER, R. (eds.). Political Parties and Democracy. Baltimore: Johns Hopkins University Press, 2001.

Ciencia Política → Partidos Políticos Representación Política