Ideología

por Alexsandro M. Medeiros y Alexis Guerra

publicado en: fev. 2022

versión en Portugués

Un Enfoque Conceptual

           No existe una definición única del término ideología. El concepto de ideología puede tomar diferentes formas, ya sea como un sistema de creencias políticas o cosmovisión de un grupo social en particular, o como las ideas de la clase dominante que propagan una distorsión de la realidad o incluso como un conjunto sistemático de ideas políticas que se ocupan de teorías que toman la forma de participación y compromiso político. Este término también puede estar asociado con acciones políticas, económicas y sociales y comúnmente se entiende como un enmascaramiento de la realidad social. “El primer problema que enfrenta cualquier discusión sobre la naturaleza de la ideología es que no existe una definición establecida o acordada para el término [...] Como ha dicho David McLellan (1995), ‘la ideología es el concepto más impreciso en las ciencias sociales’” (HEYWOOD, 2010, p. 18 – traducción nuestra).

           De esta forma, sentimos la necesidad de profundizar en el significado de la palabra para comprender sus significados entre los sujetos sociales que utilizan con mayor frecuencia esta terminología e incluso para realizar un análisis de los Partidos Políticos; los cuales, como es sabido, tienen en su base la ideología política, ya que cada partido tiene visiones diferentes de la realidad social y pretende transformar la sociedad de acuerdo con sus ideales y cosmovisiones, al menos teóricamente hablando.

          A la vista de los aportes teóricos estudiados, el término ideología tiene en su núcleo diversas interpretaciones de pensadores que lo conciben a través de la realidad en la que se insertan. En muchas de sus diferentes acepciones, la definición del término se relaciona con el sentido negativo, asociado al despojo de creencias.

          Esta percepción se debe a que la palabra está presente en numerosos discursos, muchos de ellos inflamados relacionados con campañas electorales de candidatos a algún cargo político. La incredulidad proviene de entender que la ideología tiene un carácter enmascarador, y preserva el “status quo”, es decir, la permanencia de un Estado en el que no hay injerencia de la clase de los desposeídos de los medios de producción, es decir, los trabajadores. Esto es para que la clase dominante permanezca en el poder, en la dirección de la sociedad.

            Este sentido de enmascarar la realidad (notablemente un concepto marxista), presentando sólo la apariencia y ocultando la esencia es uno de los significados atribuidos a la ideología. En este aspecto, la ideología se entiende como una herramienta de control social. El sentido negativo de la Ideología, de enmascarar y falsificar lo real, sin duda surgió con los textos de Marx, y lo que Engels llamó después “falsa conciencia”. En esta concepción, la clase dominante distorsiona la forma de ver las relaciones de opresión, no reconociéndose como opresora y queriendo adecuar la clase dominada a las condiciones de vida existentes. La ideología de la clase dominante también oculta las contradicciones en las que se basa el capitalismo, ocultando su propia explotación al proletariado.

 

Las ideas de la clase dominante son, en todo momento, las ideas dominantes, es decir, la clase que es la fuerza material dominante de la sociedad es al mismo tiempo la fuerza intelectual dominante. La clase que tiene a su disposición los medios de producción material tiene, al mismo tiempo, el control sobre los medios de producción mental, de modo que, en general, las ideas de aquellos que carecen de los medios de producción mental están sujetas a ella (apud HEYWOOD, 2010, p. 19 – traducción nuestra).

 

            Las cosmovisiones ideológicas buscan mantener o transformar el sistema social, económico, político y cultural existente relacionado con un individuo, grupo o régimen. Cuando se trata de partidos políticos, es claro que los ciudadanos muchas veces no creen que haya un cambio en el sistema social que pueda llegar a contemplar la satisfacción de sus necesidades sociales, suavizando o erradicando las distorsiones de la cuestión social.

           Así, los ciudadanos asocian intuitivamente los discursos e ideales de los Partidos Políticos con algunos miembros políticos que no están comprometidos con la sociedad sino con sus propios intereses. Son esos políticos los que hacen la llamada politiquería.

             También se percibe que los discursos y promesas de los candidatos traen esperanza a la población, la llevan a creer en cambios en el modelo de sociedad que vivimos, ese modelo desigual y expoliador al que estamos insertos. En este contexto, un ejemplo es el caso de las elecciones partidistas en Brasil, donde, a través del voto directo, se eligen representantes de los partidos políticos para que promuevan las acciones correspondientes, a través de políticas públicas, dirigidas a mejorar la calidad de vida de los votantes en general y de la población de Brasil.

            Sin embargo, ya es común que sucedan casos en los cuales los políticos, cuando llegan al poder, es decir, en dirección de la sociedad, incumplan las promesas hechas en el momento de las campañas electorales, y difícilmente se mantienen fieles a las ideas que guiaron sus discursos. de igualdad, justicia y equidad.

            Pero el concepto de ideología tiene también un sentido positivo y no sólo el de enmascarar lo real tan presente en el pensamiento marxista. Según Bobbio (1995, p. 52 – traducción nuestra):

 

La ideología en sentido positivo designa el “género o especie” diversamente definido de los sistemas de creencias políticas: un conjunto de ideas y valores relacionados con el orden público y cuya función es orientar el comportamiento político colectivo.

 

            En otras palabras, se entiende que en toda cultura, y en toda sociedad “compleja” o menos “compleja”, está la presencia de la ideología en sus fundamentos. Tiene un papel fundamental: dirigir y orientar la toma de decisiones sociales, económicas y culturales.

         Como cosmovisión, la ideología puede desempeñar un papel en el apoyo a la estructura de poder dominante, presentándola como justa, correcta y natural, o desafiando estas mismas estructuras, destacando sus injusticias y señalando la necesidad de cambios en las estructuras de poder. La ideología como cosmovisión, al brindarnos “un conjunto de supuestos y suposiciones sobre cómo funciona y debería funcionar la sociedad, terminan estructurando nuestro pensamiento y nuestra forma de actuar” (HEYWOOD, 2010, p. 28 – traducción nuestra). En este caso puede haber tantas ideologías como principios vistos por los individuos como necesarios para organizar el orden social y político de una sociedad.

             Las Ideologias Políticas contienen también una cierta visión de cómo debe organizarse la sociedad y cuál debe ser la relación entre sociedad y Estado, la cual está permeada por los más variados valores, creencias, principios y vicios. Tales ideologías están siempre ligadas a grupos sociales, movimientos y partidos políticos, y cada propuesta y proyecto tiene un ideal. El campo de las ideologías políticas es amplio y propicio para debates, cuestionamientos, ideales, acciones y acciones. En este campo, como indica Sell (2006), existe un intenso desarrollo de actividades. Actividades que pueden ser desarrolladas por diversos sujetos sociales que tengan determinados valores y principios que orientarán dichas acciones. Cuando estas acciones e ideales son compartidos por otros ciudadanos, grupos u organizaciones sociales, encaminados a la acción práctica en la sociedad, estos valores y principios se denominan “Ideología Política” y de esta manera podemos decir que la ideología está presente en la vida cotidiana de las personas, a menudo implícita o explícitamente.

           Siguiendo la misma línea de razonamiento, Heywood (2010) afirma que todos pensamos políticamente. Conscientemente o no, las personas utilizan ideas y conceptos políticos cada vez que expresan opiniones. Así, percibimos en nuestra vida cotidiana la presencia de numerosos términos cargados de trascendencia histórica e ideológica. Entre las palabras más utilizadas están: “libertad”, “igualdad”, “justicia” y “derechos”. Así como el uso de las palabras: “conservador”, “liberal”, “socialista”, “comunista” y “fascista”. Éstas se utilizan para describir el propio punto de vista, sus ideales y valores según la concepción de cada ciudadano y sociedad. Buscando relacionar el concepto de ideología, que implica el pensamiento con la acción, la teoría y la práctica política, Heywood (2010, p. 25) define la ideología de modo que pueda tener las siguientes características: a) una “explicación del orden actual” asociada a una “visión del mundo”; b) tener implícita la idea de una “sociedad ideal”, “deseable”; c) explicar cómo llegar a ese modelo, cómo promover el cambio.

           Vemos cómo no es fácil definir con precisión qué es “ideología”. Sell ​​(2006) reafirma el concepto de que la palabra “ideología” tiene un significado relativo, es decir, variará según el significado de cada autor. Señala, además, que su concepto es de uso común en las ciencias sociales y que es una tarea difícil que implica dialogar con las más diversas corrientes teóricas, sobre todo porque para definir qué es “ideología” se requiere un estudio profundo de las más variadas corrientes. Al igual que el pensamiento de Zizek (1996, p. 9 – traducción nuestra).

 

“Ideología” puede designar cualquier cosa, desde una actitud contemplativa que desconoce su dependencia de la realidad social, hasta un conjunto de creencias orientadas a la acción; desde el entorno esencial en el que los individuos experimentan sus relaciones con una estructura social hasta las falsas ideas que legitiman un poder político dominante.

 

             En este sentido, Zizek deja claro que la ideología, para muchos autores, puede tener diferentes significados y que puede tener sentidos distintos según el contexto socio-histórico-político.

 

Sentido Histórico

          Utilizando el significado histórico del término “ideología”, buscamos su concepto a través de los aportes de Andre Heywood y Marilena Chauí, según los cuales este concepto surge en la época de la Revolución Francesa y es utilizado por primera vez por Destutt de Tracy, ya sea en público o en su obra Eléments d`Ideologie (Elementos de Ideología), usando el término en el sentido de una “ciencia de las ideas” o “ciencia de la génesis de las ideas”, tratándolas como fenómenos naturales que expresan la relación del cuerpo humano, como organismo vivo, con el medio ambiente” (CHAUÍ, 1991, p. 23 – traducción nuestra), creyendo que es posible descubrir el origen de las ideas “con un entusiasmo racionalista propio de la Ilustración” (HEYWOOD, 2010 , p. 19 – traducción nuestra). En este trabajo, Destutt de Tracy, junto con el doctor Cabanis, De Gérando y Volney, creía que era posible elaborar “una teoría sobre las facultades sensibles, responsables de la formación de todas nuestras ideas: querer (voluntad), querer juzgar (razón), sentir (percepción) y recordar (memoria)” (CHAUÍ, 1991, p. 23 – traducción nuestra) y sugiriendo que se reconocería a la ideología como la reina de las ciencias, “ya ​​que todas las formas de investigación se basan en ideas (HEYWOOD, 2010, p. 19 – traducción nuestra).

            Los teóricos franceses según la historia eran antiteológicos, antimonárquicos y antimetafísicos, y también pertenecían al partido liberal y esperaban que el progreso de las ciencias experimentales, basadas exclusivamente en la observación, el análisis y la síntesis de los datos observados, pudiera conducir a una nueva pedagogía y una nueva moral. También eran partidarios de Napoleón, formaban parte de un grupo y apoyaron el golpe de Estado del 18 de Brumario. Creían que Napoleón era un liberal que continuaba los ideales de la Revolución Francesa. Así,

 

El sentido peyorativo de los términos “ideología” e “ideólogos” proviene de una declaración de Napoleón quien, en un discurso ante el Consejo de Estado en 1812, declaró: “Todas las desgracias que afligen a Francia deben atribuirse a la ideología” (CHAUÍ, 1991, p. 23 – traducción nuestra).

 

            Este significado negativo se extendió por todo el mundo y ganó muchos adeptos, teóricos que, tras estudiar el término en determinadas épocas, se dieron cuenta de cómo, por qué, para qué y por quién se propagaban estas palabras.

              En los aportes de Karl Marx, este término conserva su significado napoleónico, es decir, se considera al ideólogo como aquel que invierte la relación entre las ideas y la realidad. Para Marx, el significado negativo atribuido a ideología significa un conjunto de falsas representaciones cuyo objetivo primordial es difundir los intereses de las clases dominantes. Difunde una “falsa conciencia”, presenta sólo la apariencia de los fenómenos sociales, omitiendo así su forma real.

            Chauí (1991) cita la ideología alemana, como ejemplo, donde Karl Marx expone brevemente el paso de las formas de propiedad o la división social del trabajo en la sociedad, cuyas transformaciones constituyen el fundamento real de la historia real.

            Es a partir de estas consideraciones que podemos entender cómo, para Marx y Engels, la ideología surge en el momento en que la división social del trabajo separa el trabajo material o manual del trabajo intelectual. Karl Marx es categórico al afirmar que las ideologías son precisamente las ideas que las clases propietarias de los medios de producción difunden para legitimar y perpetuar su dominación. En otras palabras, la ideología es una herramienta de alienación que los dueños utilizan para contener o controlar a sus subordinados de forma pacífica.

            En la tradición marxista, se acostumbra pensar el concepto de ideología en dos interpretaciones muy difundidas: la instrumentalista y la sistémica, donde para la primera visión, las ideologías son vistas como cosmovisiones y representaciones de la realidad diseñadas para legitimar a la clase dominante y enmascarar los fundamentos reales de la sociedad. Enmascarar la verdadera estructura sobre la que se asienta la sociedad.

           En esta visión negativa y fatalista del término, Marx hace una crítica luego de analizar la sociedad y el modo de producción, y constata uno de los elementos cruciales y mantenedores de este estado de pasividad del proletariado, que es la no conciencia de clase. Así, en estas concepciones, la ideología pretende apaciguar, naturalizar y alienar la conciencia de los trabajadores.

            En la visión sistémica, la ideología se entiende como una “ilusión socialmente necesaria”. Éste es el resultado del propio sistema social, que no aparece de forma transparente a los ojos de los actores sociales. En consenso, se entiende que la ideología es necesaria para la concepción de la construcción o transformación social, y que cada ciudadano tiene una ideología, un ideal ante la sociedad, para el que vive.

            Posteriormente, el concepto de ideología perdió su carácter meramente negativo y comenzó a adquirir otros significados. Con Lenin se empieza a atribuir ideología no sólo a la clase dominante, sino a todas las clases, es decir, las ideas características de una determinada clase social y, en este caso, se puede hablar de una “ideología socialista” o “ideología marxista”. En el siglo XX, el sociólogo alemán Karl Mannheim describió las ideologías “como sistemas de pensamiento que sirven para defender un determinado orden social y que expresan en un sentido amplio los intereses de su grupo dominante o gobernante” (apud HEYWOOD, 2010, p. 22).

           Actualmente, la palabra “ideología” ha adquirido una definición mucho más amplia, no siendo ni buena ni mala, ni verdadera ni falsa, ni libertaria ni opresiva, pero pudiendo asumir cualquiera de estas características y ha sido bastante pronunciada, principalmente por grupos sociales, partidos políticos, personas y organizaciones sociales directa o indirectamente involucradas en la política.

 

El fin de las ideologías y la era de la unidad

            Al observar los conceptos de algunos de los autores citados anteriormente, respecto a la visión particular que caracteriza a las ideologías y que conforman un con junto de valores y creencias para orientar a los individuos (Bobbio, Heywood) pero que además sirven para defender un orden social (Mannheim), puede considerarse que las ideologías son elementos divisionistas en las sociedades, que sostienen posiciones férreas y que en política han sido motivo de confrontaciones dentro de las mismas sociedades y entre naciones; principalmente por las orientaciones socialistas o comunistas y el Capitalismo.

            Ante esta diatriba, en los años sesenta, el sociólogo norteamericano, Daniel Bell, publicó un libro denominado ·El fin de las Ideologías, en el cual enfatizaba “el final de la dialéctica de la historia” y la implantación en el mundo de la democracia y la economía de mercado. Posteriormente, otro norteamericano, Francis Fukuyama, dados los hechos históricos de la caída del Muro de Berlín y el derrumbe de la Unión Soviética, escribiría el Fin de La Historia, como un triunfo del Capitalismo sobre las ideologías de Izquierda y el final de las confrontaciones ideológicas en el mundo.

            Sin embargo, las conclusiones de estos prestigiosos investigadores han chocado con la realidad, pues la Izquierda en el mundo, y especialmente en Latinoamérica, sigue vigente y, para muchos, es una opción política que supera las democracias deficitarias del continente. Podría considerarse que esta defensa del orden social y económico (Capitalismo), no es sino una visión parcializada e incompleta de la realidad política y social, de allí que sus conclusiones sean fallidas.

            Para encontrar fundamentos más sólidos respecto de las ideologías es necesario recurrir a Pietro Ubaldi, quien propone un concepto que traspasa estas visiones limitadas. En el libro Ascensiones Humanas, Ubaldi habla de la era de la unidad a la que conduce la evolución y de la “Unidad Política”, referida a superar las barreras que dividen al hombre y a las sociedades.  “Las grandes unidades humanas se reagrupan en torno de otros conceptos más comprensivos” (Ubaldi, 1986).

          Estos nuevos conceptos de los que habla Ubaldi se orientan a aprovechar lo mejor de cada ideología, lo mejor del Capitalismo y del llamado Comunismo, a mantener la libertad de la democracia y a procurar la justicia social, a flexibilizar las posiciones y a comprender que, más importante que la defensa de las creencias, es la unión de los elementos de la sociedad para producir más, a entender que los choques, las luchas y las guerras son improductivas, un desperdicio de recursos, de esfuerzos y de vidas. La era de la unidad de la que habla Ubaldi es el camino inexorable de la evolución humana impulsada por una conciencia mayor que nos lleva a la comprensión entre los seres y a   desbaratar las barreras de odio y de egoísmo que nos dividen. Más que el fin de las ideologías, que  no es sino el triunfo de una, desechando a la otra, es la aceptación de otros pensamientos y de otros conceptos para superar las divisiones en beneficio de todos.



Referências Bibliográficas

BOBBIO, Norberto. Dicionário de `Política. Brasília: UnB, 1995.

CHAUÍ, Marilena: O que é ideologia. 34. ed. São Paulo: Editora Brasiliense, 1991.

HEYWOOD, Andrew. Ideologias Políticas: do liberalismo ao fascismo. São Paulo: Ática, 2010. Vol. I.

SELL, Carlos Eduardo. Introdução à sociologia política: política e sociedade na modernidade tardia. Petrópolis, RJ: Vozes, 2006.

ZIZEK, Slavoj. Um mapa da ideologia. Tradução Vera Ribeiro. Rio de Janeiro. 1996.