Democracia Participativa

por Alexsandro M. Medeiros

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publicado en nov. 2021

versión en Portugués

            La democracia participativa es una forma de ejercicio del poder, basada en la participación ciudadana para la toma de decisiones políticas.

        Atravesamos gran parte del siglo XX, creyendo que la forma Representativa era un modelo ideal para la ciudadanía, que aseguraba la libertad y la igualdad para todos, que ése sería el verdadero concepto de democracia, pero después de casi cien años, finalizando el siglo XX, se considera que hay una crisis en este modelo de Democracia.

            Los representantes ya no pueden identificar y satisfacer las demandas de la sociedad. La población se ha organizado mejor en torno a infinitos temas, y se ha conquistado mejor el espacio público, y esta población ha requerido una mayor eficacia de sus representantes. Las exigencias son cada vez más complejas y es evidente la necesidad de una participación conjunta entre representantes y representados.

         El concepto de democracia sufre entonces un nuevo giro en su trayectoria. Debemos considerar que la democracia representativa ya no responde a las demandas de la sociedad y la democracia directa parece imposible, y como síntesis para la respuesta a esta crisis, comienza a formarse el concepto de democracia participativa, con características de forma semidirecta, no para apartar a sus representantes, sino, más bien, con el propósito de acercar a los representados a la arena política. Tal como afirman algunos teóricos, la democracia participativa se configura entre la democracia directa y la representativa. Entre estos teóricos, cabe mencionar el conjunto de análisis y estudios recogidos en el libro organizado por Leonardo Avritzer (2009), en torno al cual encontramos temas como: sociedad civil, cultura brasileña y participación democrática (Leonardo Avritzer, Juarez Rocha Guimarães y Cícero Araújo); participación social y derecho a participar en el gobierno de Lula (Antonio Lambertucci y José Antônio Moroni); además de un análisis de los consejos estatales y nacionales de asistencia social por Eleonora Cunha y Marcia Maria Pinheiro.

        José Moroni (2009, p. 109 – traducción nuestra), al discutir la complejidad y multiplicidad de los temas políticos en la actualidad, afirma que “[...] la democracia representativa, vía partidos y el proceso electoral [...] no es suficiente para la complejidad de la sociedad moderna”, siendo necesario crear mecanismos de participación que tengan en cuenta la complejidad del mundo moderno que puede incidir en las decisiones políticas. Y para Antonio Lambertucci (2009, p. 71 – traducción nuestra),

 

La participación social [...] amplía y fortalece la democracia, contribuye a una cultura de paz, diálogo y cohesión social y es la columna vertebral del desarrollo social, la equidad y la justicia. Creemos que la democracia participativa es un método excelente para enfrentar y resolver problemas fundamentales de la sociedad brasileña.

 

              En general podemos entender por democracia participativa

 

[...] un conjunto de experiencias y mecanismos que buscan estimular la participación directa de la ciudadanía en la vida política a través de canales de discusión y decisión. La democracia participativa preserva la realidad del Estado (y la democracia representativa). Sin embargo, se busca superar la dicotomía entre representantes y representados recuperando el viejo ideal de la democracia griega: la participación activa y efectiva de los ciudadanos en la vida pública (SELL, 2006, p. 93 – traducción nuestra).

 

            Los mecanismos e instituciones de la democracia representativa han sido significativamente limitados: “los antiguos y tradicionales mecanismos e instituciones a menudo han resultado insuficientes, aunque necesarios, para garantizar la existencia de un régimen político efectivamente democrático” (Ricardo Rodrigues apud ANDRADE, 2003, p. 6-7 – traducción nuestra). Con esto, los nuevos y modernos instrumentos de control y participación en el poder deben ser puestos en el ejercicio de la democracia de manera permanente, en conjunto con la sociedad actual. Estos mecanismos tienen que ser creados para complementar y no reformular las instituciones representativas, pero que engloben en la dinámica política la realidad de la sociedad civil que se organiza cada vez más en sus entidades y asociaciones, dándole a la práctica democrática una realización más dinámica, efectiva y real.

            La democracia participativa o semidirecta es aquella que, partiendo de una democracia representativa, utiliza un mecanismo que brinda al pueblo un involucramiento en temas políticos, legitimando temas de relevancia para la comunidad en su conjunto a través de la participación directa, ya sea por plebiscito, referéndum, iniciativa popular, audiencia pública, presupuesto participativo, consultas o de cualquier otra forma que manifieste la acción popular. En este modelo de mayor participación democrática, las organizaciones de la sociedad civil se convierten en interlocutores políticos legítimos e influyentes, adquiriendo mayor visibilidad, especialmente con el proceso de democratización (AVRITZER, 1993; DAGNINO, 2002; REIS, 1995; COSTA, 1994, 1997) y, de alguna manera, podemos decir que la democracia participativa solo puede realizarse cuando los ciudadanos abandonan un cierto individualismo y tienen un mayor sentido de colectividad.

            Según Dias (2001), la calidad de la democracia se puede medir por el nivel de participación política que se encuentra en cada sociedad que permite incluir al ciudadano común en los procesos de formulación, decisión e implementación de las Políticas Públicas y, de esta manera, “cuanto más directo sea el ejercicio del poder político, más acentuada será la capacidad democrática de las instituciones políticas, cuyas decisiones estarán más cerca de traducir la genuina voluntad popular ” (apud VIGLIO, 2004, p. 18 – traducción nuestra). Y Jumária Fonseca destaca el papel de las administraciones municipales para el éxito de un modelo de democracia más participativo

 

Para que las experiencias de democracia participativa sean exitosas, las administraciones municipales tienen un papel fundamental, a través de la creación de canales de interconexión que permitan la integración entre el gobierno y los diferentes segmentos de la sociedad, especialmente la población de menores ingresos. De tal manera que puedan participar en las diferentes fases del proceso de planificación y deliberación de las políticas públicas a implementar en las ciudades (FONSECA, 2009, p. 34 – traducción nuestra).

 

            Hacer que el “derecho a ser ciudadano” vaya más allá del momento de las elecciones, dándoles condiciones para colaborar en la construcción del espacio público y poniendo en práctica la idea de soberanía popular, según la cual, “todo poder emana del pueblo, que lo ejerce a través de representantes electos (Democracia Representativa), o directamente (tendencia a la democracia participativa)” (FONSECA, 2009, p. 36 – traducción nuestra).

            El problema es que "a pesar de encontrarse en el ordenamiento jurídico brasileño, nuevos canales que permitan la integración entre representantes y representados de manera más efectiva, lo que se percibe es que el ejercicio de la ciudadanía se limita al derecho a votar y ser votado" (FONSECA, 2009, p. 14 – traducción nuestra).

            Nuestro país [Brasil] carece de una cultura cívica que cambie el modus operandi del sistema actual. También hay una falta de voluntad política, ya sea por parte del Poder Executivo (por temor a compartir parte del poder constituido), o por parte del Poder Legislativo (de ver disminuido su papel en la elaboración y aprobación de leyes), creando “una distancia entre gobierno y sociedad, característica del régimen representativo” (FONSECA, 2009, p. 15 – traducción nuestra).

            Pero la crisis de la democracia contemporánea involucra factores que van más allá de la representación y la apatía política.

          Carole Pateman afirma (1992) que desde principios del siglo XX muchos teóricos políticos han planteado serias dudas sobre la posibilidad de poner en práctica un régimen democrático en el sentido literal del término (gobierno del pueblo a través de la máxima participación del pueblo). Y Bobbio (2000) señala al menos tres factores a partir de los cuales un proyecto democrático se ha vuelto difícil de materializar en las sociedades contemporáneas: la especialidad, la burocracia y la lentitud del proceso.

 

El primer obstáculo se refiere a la creciente necesidad de habilidades técnicas que requieren especialistas para resolver problemas públicos, con el desarrollo de una economía regulada y planificada. La necesidad del especialista hace imposible que el ciudadano común encuentre una solución. El supuesto democrático de que todos pueden decidir sobre todo ya no se aplica. El segundo obstáculo se refiere al crecimiento de la burocracia, un aparato de poder ordenado jerárquicamente desde arriba, en una dirección, por tanto, completamente opuesta al sistema de poder burocrático. A pesar de tener características contradictorias, el desarrollo de la burocracia es, en parte, resultado del desarrollo de la democracia [...] El tercer obstáculo refleja una tensión intrínseca a la democracia misma. A medida que evolucionó el proceso de democratización, promoviendo la emancipación de la sociedad civil, se incrementó el número de demandas dirigidas al Estado, generando la necesidad de realizar opciones que resulten en insatisfacción con el no servicio o el servicio insatisfactorio. Existe, como agravante, el hecho de que los procedimientos de respuesta del sistema político son lentos en relación con la rapidez con la que se dirigen las nuevas demandas al gobierno (BOBBIO, 2000 apud NASSUNO, 2006, p. 173-174 – traducción nuestra).

 

              Pero la crisis de la democracia contemporánea, lejos de restar su vigencia, acrecienta la importancia de la participación de la sociedad civil en un proyecto de consolidación del Estado de Derecho Democrático.

          José Moroni (2009) señala algunos mitos (p. 117-118) y desafíos (p. 135-139) relacionados con el modelo de participación.

MITOS

DESAFÍOS

La participación por sí sola cambia la realidad

Fortalecer el papel político de los consejos de políticas públicas y el papel de movilización social de conferencias.

La sociedad no está preparada para participar como protagonista de las políticas públicas por falta de capacidad y habilidades técica y política

Respetar la multiplicidad de los sujetos políticos.

La sociedad no puede compartir la gobernabilidad debiendo restringirse al voto

Reconocer otras formas de organización que puedan contribuir con la participación social

La sociedad es vista como elemento que dificulta la toma de decisión, por la morosidad del proceso

Reasignar la Reforma del Estado dentro de un proyecto mayor de sociedad.

 

Gestión Democrática

               En la actualidad se habla mucho de la gestión democrática como una forma de articular la participación de la población y las asociaciones representativas de los distintos segmentos de la comunidad en la formulación, realización y seguimiento de los planes, programas y ejecución de las Políticas Públicas que deben ser elaboradas con la participación de la sociedad civil en general, obedeciendo al precepto de la democracia participativa que considera la participación directa de la sociedad en la formulación de las políticas públicas y en los actos de la Administração Pública.

            Por gestión democrática entendemos una relación que se establece entre Gobierno y sociedad, entre Administração Pública y población, construida sobre la base de la Democracia Participativa y la ciudadanía, asegurando el Controle Social, valorando el rol de la sociedad civil como cogestor de la cosa pública, poniendo en práctica el principio básico de Democracia (gobierno del pueblo) y Constitucional de soberanía popular. Un modelo de gestión que promueva una mayor horizontalización de las relaciones de poder.

            Otra forma de pensar sobre un modelo de gestión democrática es a través de un proceso de planificación participativa en el que existe una mayor implicación de la sociedad en la discusión de diferentes problemáticas, como la ambiental, Urbanos[1]Saúde, etc.

 

En la planificación participativa, cada miembro hace una nueva contribución al proceso de discusión. En este sentido, existe una gran diversidad de ideas, metas, tareas, habilidades y representaciones (en la cual los participantes representan diferentes sectores de la sociedad: público, privado, científico, etc.), lo que permite analizar problemas desde diferentes puntos de vista. En este sistema se pueden observar las siguientes características: i) diversidad de participantes e intereses; ii) mayor interacción entre los participantes y entre ellos y los instrumentos de apoyo a la toma de decisiones; iii) cambio en el método y proceso de planificación, ya que en este caso el proceso de planificación está estrechamente asociado al contexto político de la ciudad (MAGAGNIN, 2008, p. 18 – traducción nuestra).

 

            Es importante resaltar que este nuevo concepto de planificación pública marcado por la participación popular requiere la actuación de los Movimentos Sociais que, mucho antes del proceso de redemocratización que tuvo lugar en Brasil y, especialmente con motivo de la Asamblea Nacional Constituyente de 1987, que promulgó la Constituição Federal de 1988, vienen desempeñando un papel clave en la consolidación de nuestro Estado de Derecho Democrático.

 

En la Asamblea Nacional Constituyente se presentaron propuestas para fortalecer el poder de influencia de los actores sociales a través de las denominadas “iniciativas populares”, conduciendo, con su aprobación, a un aumento de la influencia de los actores sociales en diversas instituciones (AVRITZER, 2002, p. 573 – traducción nuestra).

 

            Además, como afirmó Antonio Lambertucci --entonces secretario ejecutivo de la Secretaría General de la Presidencia de la República en la época del gobierno de Lula (Luís Inácio Lula da Silva)--,

 

Los espacios de participación constituyen una gran red entre los individuos, sus organizaciones, movimientos sociales y el Estado. Es a través de ellos que, en gran medida, los actores sociales se forman opiniones, se expresan, hacen que su voluntad gane poder colectivo y así interferir en los destinos del país (LAMBERTUCCI, 2009, p. 82 – traducción nuestra).

 

           Y a partir de Raquel Raichelis (1998), Eleonora Cunha y Marcia Pinheiro (2009), es posible plantear cómo, tras la aprobación de la Constituição Federal de 1988, el tema de la participación de la sociedad adquirió nuevos contornos y dimensiones en la esfera pública. “La Constitución de 1988 abrió espacio, a través de legislación específica, para prácticas participativas en las áreas de políticas públicas, en particular en salud, asistencia social, políticas urbanas y meio ambiente” (AVRITZER, 2009, p. 29-30 – traducción nuestra), ya sea a través de plebiscitos, referéndums y proyectos de ley de iniciativa popular (BRASIL, 2015, art. 14, puntos I, II y III; art. 27, párrafo 4; art. 29. Puntos XII y XIII), o mediante la participación en la gestión de las políticas de seguridad social (BRASIL, 2015, art. 194), asistencia social (BRASIL, 2015, art. 204) o programas de salud para niños y adolescentes (BRASIL, 2015, art. 227).

 

Diferentes áreas de la política pública, que fueron recogidas en la Constitución de 1988 como derechos sociales, definieron la participación social como uno de sus lineamientos, incluyendo la salud y la asistencia social. El primero ya había desarrollado experiencias de participación comunitaria desde fines de la década de 1970, como los consejos y comisiones de salud populares de la Zona Este (São Paulo), las comisiones interinstitucionales en los tres niveles de gobierno previstas en el Programa de Acciones Integradas. de Salud, creado en 1984, y en el Programa de Sistemas Unificados de Salud Descentralizados, de 1987 (CUNHA; PINHEIRO, 2009, p. 145 – traducción nuestra).

 

            Si en un proceso de gestión autocrático y dictatorial la participación popular es casi nula, en un proceso democrático se amplían los canales de discusión y participación. “El contacto, que podría ser solo de carácter informativo, puede, en un gobierno participativo, permitir el intercambio de decisiones” (MAGAGNIN, 2008, p. 20 – traducción nuestra).

Regla de participación popular en el urbanismo asociado a la organización política

(NOBRE, 1999, apud MAGAGNIN, 2008, p. 20)

            El resultado es un proceso más democrático, aunque demore más tiempo, ya que es necesario compartir con una determinada comunidad los diferentes problemas y posibles soluciones que desafían la gestión pública. La planificación participativa puede no ser la mejor opción para abordar los problemas públicos, especialmente en el caso de problemas técnicos más complejos, debiéndose adoptar una combinación de planificación tradicional y participativa: "la planificación participativa es apropiada cuando los problemas están claramente definidos" (MAGAGNIN, 2008, p. 21 – traducción nuestra).

            El proceso de planificación participativa se puede dividir en tres fases, según W. Allen, M. Kilvington y C. Horn: el inicio, donde hay participación de diferentes segmentos y definición de las reglas a adoptar; planificar, es decir, trabajar en conjunto para delinear las acciones necesarias para lograr los objetivos propuestos; y finalmente, implementación y seguimiento (apud MAGAGNIN, 2008, p. 19 – traducción nuestra).

1.- Inicio del proceso; 2.- Planificación; 3.- Implementación y seguimiento

(apud MAGAGNIN, 2008, p. 19)

            Según Renata Magagnin, el proceso de participación popular puede ser pasivo o activo, según “el proceso que adopten los planificadores para la participación ciudadana en la toma de decisiones” (MAGAGNIN, 2008, p. 20 – traducción nuestra) y, citando a JN Pretty (según a la tabla siguiente), Renata Magagnin muestra que las formas de participación popular "parten de niveles de participación más pasiva o manipulada (nivel 1) a una participación más activa o con un alto nivel de movilización (nivel 7)" (apud MAGAGNIN, 2008 , p. 21 – traducción nuestra).

FORMAS DE  PARTICIPACIÓN

DESCRIPCIÓN

1.- Participación simulada

En este tipo de participación, aunque la comunidad tenga   representantes junto  a    los órganos oficiales, ella no posee derecho al voto.

2.- Participación pasiva

En este caso, el proceso de decisión es unilateral. Todas las decisiones son tomadas por la administración (decisores) y la comunidad  apenas es informada de lo que está siendo discutido o planeado por los técnicos.

3.- Participación por  consulta

La participación en este caso es realizada a través de consultas hechas junto a la población o por cuestionarios. La deficición de los problemas, el control de informaciones y el análisis quedan a cargo de los decisores-técnicos. En este proceso no hay participación popular directa en el proceso de toma de decisión.

4.- Participación a través de incentivos materiales

El proceso participativo es estimulado a través del recibimiento de algún bien (dinero o alimento) por la contribución a la búsqueda. Entre tanto,en el caso del término del beneficio, el proceso de paticipación también sufre pérdidas.

5.- Participación funcional

La participación popular, en este caso, es realizado con técnicos. Los problemas son discutidos a través de grupos que definirán los objetivos del proyecto. Sin embargo, la decisión final es realizada tan solo por los técnicos.

6.- Participación interactiva

Éste es el proceso participativo más activo, o sea, la población interviene en todo el proceso de toma de decisión, desde la fase de análisis,  desarrollo de los planes de acción, hasta la definición final del proyecto.

7.- Participación a través de  la movilización de la comunidad

A través de la iniciativa de la comunidad el proceso de discusión sobre los problemas urbanos puede ser realizado con la participación de ONGs y órganos gubernamentales, pero la caracterísica de este proceso es la iniciativa de la comunidad para resolver sus problemas.

(PRETTY apud MAGAGNIN, 2008, p. 21 - traducción nuestra)

            Es necesario considerar que la participación de la sociedad en la “res publica” (cosa pública) se ha facilitado en la actualidad debido a las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TIC), especialmente Internet, dando lugar al concepto de CiberDemocracia. Internet hoy en día forma parte del día a día de un sector importante de la población de muchas formas y permite la difusión y acceso a una gran cantidad de información en diversas áreas y en las más variadas esferas del poder: Executivo, Legislativo, Judiciário, a nivel federal, estatal o municipal. El uso de internet como herramienta democrática permite a un mayor número de ciudadanos discutir los problemas de la sociedad, independientemente de dónde se encuentren. Un ciudadano del interior del estado de Pernambuco puede seguir, por ejemplo, en tiempo real, los debates sobre propuestas que se llevan a cabo en la Cámara de Diputados del Congreso Nacional y un ciudadano brasileño que reside en un país del exterior puede descargar el discurso en el pleno del Congreso Nacional de algún diputado o senador de la República en concreto, sobre un tema de interés, o presentar una denuncia en el sitio web de la Contraloría General de la Unión por malversación de recursos públicos federales pactada con cualquier entidad federativa del país.

 

En Brasil, Internet podría usarse como una herramienta para ampliar el proceso de planificación participativa en los municipios. Otro elemento que podría contribuir a la expansión del proceso participativo está asociado al uso de nuevas tecnologías. Si los ayuntamientos recurrieran al uso de nuevas herramientas computacionales en lugar de la práctica actual de reuniones presenciales preprogramadas, quizás un mayor número de participantes contribuiría a la planificación municipal (MAGAGNIN, 2008, p. 31 – traducción nuestra).

 

Referências Bibliográficas

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AVRITZER, Leonardo. Além da dicotomia Estado-mercado: Habermas, Coehn e Arato. Novos Estudos Cebrap, São Paulo, no 36, p. 213-222, 1993. Acessado em 05/10/2015.

AVRITZER, Leonardo. Sociedade civil e participação no Brasil democrático. In: ____. [org.]. Experiências nacionais de participação social. São Paulo: Cortez, 2009, p. 27-54. (Coleção Democracia Participativa).

____. Modelos de Deliberação Democrática: uma análise do orçamento participativo no Brasil. In: SANTOS, Boaventura de Sousa (org.). Democratizar a Democracia: os caminhos da democracia participativa. Rio de Janeiro: Civilização Brasileira, 2002.

BRASIL. Constituição da República Federativa do Brasil. 48. ed. Brasília: Câmara dos Deputados, Edições Câmara, 2015.

COSTA, Sérgio. Categoria analítica ou passe-partout político-normativo: notas bibliográficas sobre o conceito de sociedade civil. Revista Brasileira de Informação Bibliográfica em Ciências Sociais (BIB), São Paulo, no 43, p. 3-26, 1997. Acessado em 05/10/2015.

____. Esfera pública redescoberta da sociedade civil e movimentos sociais no Brasil: uma abordagem tentativa. Novos Estudos Cebrap, São Paulo, no 38, p. 38-52, 1994. Acessado em 05/10/2015.

CUNHA, Eleonora Chettini M.; PINHEIRO, Marcia Maria B. Conselhos nacionais: condicionantes políticos e efetividade social. In: AVRITZER, Leonardo [org.]. Experiências nacionais de participação social. São Paulo: Cortez, 2009. (Coleção Democracia Participativa).

DAGNINO, Evelina, 2002. Sociedade civil e espaços públicos no Brasil. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 2002.

FONSECA, Jumária Fernandes Ribeiro. O Orçamento Participativo e a Gestão Democrática de Goiânia. Dissertação (Mestrado em Desenvolvimento e Planejamento Territorial). Programa de Pós-Graduação em Desenvolvimento e Planejamento Territorial da Universidade Católica de Goiás. Goiânia, 2009.

LAMBERTUCCI, Antonio Roberto. A participação social no governo Lula. In: AVRITZER, Leonardo (org.). Experiências nacionais de participação social. São Paulo: Cortez, 2009. (Coleção Democracia Participativa)

MAGAGNIN, Renata Cardoso. Um sistema de suporte à decisão na internet para o planejamento da mobilidade urbana. Tese (Doutorado em Engenharia Civil: Transportes). Escola de Engenharia de São Carlos da Universidade de São Paulo. São Carlos-SP, 2008.

MORONI, José Antônio. O direito à participação no governo Lula. In: AVRITZER, Leonardo [org.]. Experiências nacionais de participação social. São Paulo: Cortez, 2009. (Coleção Democracia Participativa).

NASSUNO, Marianne. Burocracia e Participação: a experiência do orçamento participativo em Porto Alegre. Tese (Doutorado em Ciências Sociais). Departamento de Sociologia da Universidade de Brasília. Brasília, 2006. Acessado em 05/12/2015.

PATEMAN, C. Participação e Teoria Democrática. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1992.

RAICHELIS, Raquel. Articulação entre os conselhos de políticas públicas: uma pauta a ser enfrentada pela sociedade civil. Serviço Social e Sociedade. São Paulo: ano XXVII, n. 85, p. 109-116, 2006. 05/12/2015.

REIS, Elisa. Desigualdade e solidariedade: uma releitura do “familismo amoral” de Banfield. Revista Brasileira de Ciências Sociais, São Paulo, no 29, p. 35-48, 1995. 05/12/2015.

SELL, Carlos Eduardo. Introdução à Sociologia Política: política e sociedade na modernidade tardia. Petrópolis, RJ: Vozes, 2006.

VIGLIO, José Eduardo. Avaliação da experiência do Orçamento Participativo numa cidade média: o caso de Jaboticabal – SP. Dissertação (Mestrado em Engenharia Urbana). Centro de Ciências Exatas e de Tecnologia da Universidade Federal de São Carlos. São Carlos-SP, 2004. 05/12/2015.

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[1] Para un análisis de cómo las políticas de desarrollo urbano han proporcionado una mayor participación de la sociedad civil en la planificación gubernamental basada en el principio de gestión democrática previsto, por ejemplo, en el Estatuto da Cidade, ver el texto de Políticas Públicas para el Desarrollo Urbano en nuestro sitio web. Según Jumária Fonseca, “En julio de 2001, con la aprobación del Estatuto de la Ciudad, la democracia participativa cobró una nueva vida. Esto se debe a que [...] en varios de sus dispositivos se expresaron las necesidades de conjugar, en la formulación de políticas públicas, la mediación entre los intereses de diferentes segmentos de la sociedad. Esto se hará a través de audiencias y consultas públicas, transparencia en la gestión y publicidad de los actos que allí se practiquen. Estos elementos unidos pueden favorecer la ruptura con una tradición que se encuentra en la mayoría de los municipios brasileños, que son políticas paternalistas, populistas y clientelistas” (FONSECA, 2009, p. 62 – traducción nuestra).