Democracia

por Alexsandro M. Medeiros y Alexis Guerra

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publicado en out. 2021

versión en Portugués

            Democracia es una palabra de origen griego que se puede definir como gobierno (kratos) del pueblo (demo). De esta forma, la democracia puede entenderse como un régimen de gobierno donde el pueblo (los ciudadanos) es el que debe tomar las decisiones políticas y de poder. La democracia puede ser directa, indirecta o semidirecta: ante la imposibilidad de que todos los ciudadanos puedan tomar decisiones de poder (democracia directa), éstas, ahora, las toman los representantes electos (democracia indirecta o representativa) y, en este caso, son los representantes quienes toman decisiones en nombre de quienes los eligieron.

            En general, se dice que un gobierno es democrático en oposición a los sistemas monárquicos, en los cuales el poder se centraliza en manos de una sola persona, el monarca, y a los sistemas oligárquicos, en los que el poder se concentra en manos de un grupo de individuos. Ésta es la clasificación que da Aristóteles, en su obra Política.

            Históricamente, la democracia surgió en la antigua Grecia (ver más en la sección Filosofia Antiga). Pero incluso en Atenas, donde la democracia se consolidó como una forma de organización política de las ciudades-estado griegas (la polis), no hubo democracia en el sentido literal del término, ya que, de hecho, la gran mayoría de la población ateniense no estaba formado por ciudadanos (por definición, los que podían participar en los asuntos públicos) y sí, por esclavos, mujeres, niños, así como extranjeros. Cabe señalar también que la idea de democracia no fue aceptada en todo el mundo helénico, ya que Grecia no se caracterizó como una unidad político-administrativa; por el contrario, las diferencias entre las polis eran notorias y, no pocas veces, un motivo de disputas entre sus pueblos. Es de destacar, por ejemplo, que el modelo político administrativo ateniense de democracia y libertad era diferente del modelo oligárquico espartano, que apuntaba a una sociedad intensamente organizada, con las libertades individuales subordinadas a la polis. Sobre el concepto de democracia en el mundo griego y su proceso histórico, existe una vasta bibliografía elaborada por Claude Mossé (1987, 1999 y 2008).

            En Atenas, cabe mencionar la figura de Clístenes, un reformador ateniense que amplió el poder de la asamblea popular, permitiendo la existencia de lo que en su momento se denominó isonomía, es decir, la igualdad ante la ley, además de la isegoría, que es la igualdad de derechos para hablar y, por tanto, es considerado el padre de la democracia.

            La fórmula de Abraham Lincoln: la democracia es “gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo” es una de las definiciones que mejor expresa la idea de democracia. Esta definición está muy cerca del significado etimológico de la palabra, del griego antiguo. Sin embargo, es necesario considerar, como ya hemos dicho, que incluso en la Antigua Grecia, la democracia era un régimen de gobierno donde solo los ciudadanos podían participar directamente en los asuntos públicos, lo que representaba alrededor del 10% de la población ateniense.

            Carole Pateman (1992) afirma que desde principios del siglo XX muchos teóricos políticos han planteado serias dudas sobre la posibilidad de poner en práctica un régimen democrático en el sentido literal del término (gobierno del pueblo a través de la máxima participación del pueblo). Y Bobbio (2000) señala al menos tres factores a partir de los cuales un proyecto democrático se ha vuelto difícil de materializar en las sociedades contemporáneas: la especialidad, la burocracia y la lentitud del proceso.

 

El primer obstáculo se refiere a la creciente necesidad de habilidades técnicas que requieren especialistas para resolver problemas públicos, con el desarrollo de una economía regulada y planificada. La necesidad del especialista hace imposible que el ciudadano común encuentre una solución. El supuesto democrático de que todos pueden decidir sobre todo ya no se aplica. El segundo obstáculo se refiere al crecimiento de la burocracia, un aparato de poder ordenado jerárquicamente desde arriba, en una dirección, por tanto, completamente opuesta al sistema de poder democrático. A pesar de tener características contradictorias, el desarrollo de la burocracia es, en parte, resultado del desarrollo de la democracia [...] El tercer obstáculo refleja una tensión intrínseca a la democracia misma. A medida que evolucionó el proceso de democratización, promoviendo la emancipación de la sociedad civil, se incrementó el número de demandas dirigidas al Estado, generando la necesidad de realizar opciones que resulten en insatisfacción con el no servicio o el servicio insatisfactorio. Existe, como agravante, el hecho de que los procedimientos de respuesta del sistema político son lentos en relación con la rapidez con la que se dirigen las nuevas demandas al gobierno (BOBBIO, 2000 apud NASSUNO, 2006, p. 173-174).

 

            Hoy, la democracia se ha convertido en un sistema político (y ya no es un simple régimen) en el que la soberanía se asigna a las personas que la ejercen de una manera:

  • Directo: cuando las personas promulgan las leyes por sí mismas, toman las decisiones importantes y eligen a los agentes de ejecución, generalmente revocables. Aquí tenemos democracia directa;
  • Indirecto: cuando el pueblo elige representantes, elegidos por votación, por un período limitado, y que deben representar los intereses de la mayoría. Tenemos democracia indirecta o Democracia Representativa;
  • Semidirecto: en el caso de las democracias semidirectas, el pueblo está llamado a establecer algunas leyes, a través de referendos (que puede ser un referéndum de iniciativa popular), o también a imponer un veto a un proyecto de ley, o incluso a proponer, él mismo, proyectos de ley. Este modelo se puede analizar a partir de lo que se ha dado en llamar Democracia Participativa, que se caracteriza por la existencia de mecanismos que garantizan la participación popular en la esfera pública.

Democracia semidirecta o participativa

(Pedro Lenza, 2008 apud FONSECA, 2009, p. 35)

 

Democracia en Brasil

            Brasil alternó momentos de gobierno republicano, con rasgos democráticos, y de gobierno dictatorial. El modelo democrático actual siguió el período oscuro que comenzó con el golpe militar de 1964.

 

El período que precedió a la promulgación de la Constituição Federal de 1988 dejó profundas huellas en la sociedad brasileña. Esto se debió a que prevaleció en el régimen dictatorial entonces vigente, una restricción total al ejercicio de los derechos de ciudadanía política. Este marco comenzó a cambiar después de la Asamblea Nacional Constituyente, que, reconociendo la importancia de la participación popular en la redacción del texto constitucional, brindó la oportunidad de cumplir los deseos de la población brasileña (FONSECA, 2009, p. 14).

 

Democracia y partidos políticos

            Desde Tocqueville a Sartori y la mayoría de los estudiosos de la Ciencia Política, el liberalismo y la igualdad de derechos, libertad y las mismas oportunidades para todos, economía libre y derecho a elegir a sus gobernantes son los fundamentos de la democracia que se mantiene hasta ahora como el mejor sistema de gobierno en el mundo. Sin embargo, cabe señalar que esto es teoría y que en la práctica hay deficiencias persistentes que hacen del sistema una democracia deficitaria.

            El mismo Tocqueville advirtió los peligros del individualismo y de la pérdida del espíritu ciudadano que conlleva al desinterés por la vida pública como elementos que debilitan la democracia y que es el camino abierto para que los más poderosos y las fuerzas organizadas del gobierno se conviertan en nuevos despotismos. Sobre este punto vale destacar el papel de los partidos políticos, fundamentales en los sistemas democráticos, pero que “deben estar al servicio de interese social y no al servicio de sí mismos” (TOURRAINE, 1995).

            Manuel García Pelayo va más allá, estableciendo una vinculación vital entre Estado y partidos políticos. “Un Estado democrático es un Estado de partidos”, puesto que estos últimos proporcionan al Estado los medios para atender las demandas sociales y para formular las decisiones y acciones que se precisan para alcanzar la legitimidad y funcionalidad democrática” (GARCÍA PELAYO apud RAMOS JIMÉNEZ, 1995).

            Pero, aunque esta relación Estado/partido es vital en la democracia y como canal de expresión de la sociedad, hay lagunas que impiden un correcto funcionamiento del sistema. Los grupos de interés, la corrupción o la conformación de lo que Robert Michels y Moisei Ostrogorky denominaron “la aristocracia de los partidos políticos” le restan el valor real al sistema democrático, que deja de cumplir con la importante función de atender las demandas sociales, elevando el volumen a la crítica y las acusaciones contra la democracia, especialmente en Latinoamérica, donde los aventureros de la política han llevado a las sociedades a sufrir sistemas hegemónicos que distan mucho de crear bienestar para los ciudadanos.

 

Evolución y nuevas opciones

            La evolución es el eje fundamental de la obra de Pietro Ubaldi y es la vía por la cual el mundo ha llegado hasta las actuales construcciones.  Al trazar su línea de evolución, Ubaldi establece un ascenso constante del hombre, determinado por una adquisición de consciencia cada vez mayor, en la que, en principio, subyacen con más determinación los instintos de supervivencia, el egoísmo y la fuerza que poco a poco se van suavizando para que prevalezca la noción del otro, la socialización, los deberes y derechos de cada uno determinados por la ley, que debe poner orden en los grupos sociales. (UBALDI, 1992)

            Esta evolución lleva a la conformación de grupos o unidades colectivas cada vez mayores, a saber, la aldea, la ciudad, el feudo, el país, hasta llegar a las modernas asociaciones de Estados en la cuales los nacionalismos disminuyen para dar paso a grupos de países que luchan por fines comunes, como la Unión Europea, Mercosur o la Asian.

            Ubaldi distingue dos impulsos para esta conformación de unidades colectivas crecientes. Uno nace del individuo, de su propio interés por beneficiarse del grupo; el otro es del mismo grupo que a través del orden que se deriva de las leyes lleva a este individuo a adaptarse de manera creciente a vivir en sociedad cada vez más avanzadas. Según expresa, ambos impulsos, que se contraponen y se complementan, eleva la conciencia del sujeto y, a su vez, las sociedades crecen en cultura, en sus leyes, intelectualmente y en todos los aspectos que la hacen mejor.  

            Es por ello que, al considerar el inexorable progreso de las sociedades, Ubaldi pone su acento en el individuo como motor fundamental que conlleva al progreso, tanto a nivel personal como del mismo conglomerado humano. “Los desniveles de todo género, el estímulo del interés, la libertad de iniciativa individual, la competencia en todos los campos incita la actividad necesaria para las experiencias de las que nace la evolución”. (Ubaldi, 2007).

            Respecto al Estado y su evolución, marca una tendencia constante que va desde la fuerza a la armonización. “Primero mediante la coacción, vale decir, por la arbitrariedad del vencedor, luego mediante convenio, o sea, por la arbitrariedad de las mayorías, y finalmente, como función colectiva, esto es justicia” (UBALDI, 1992). En este Estado futuro se funden y se coordinan las acciones de la sociedad y del gobierno para alcanzar un máximo de rendimiento porque la coacción y los enfrentamientos que generan desperdicio de recursos y energía desaparecen.

          En su concepción, Ubaldi vislumbra una fusión de Estado y sociedad que se complementan en un ambiente colaboracionista. Por un lado, el Estado es rector, dirige, educa y protege, por el otro el individuo que se integra, que se valoriza por su actividad, que se fusiona sin perder su identidad en un colectivo que es cada vez más orden para progresar y alcanzar el mayor bienestar para todos.

              Para llegar a este nivel de progreso político se requiere de esta conciencia cada vez mayor por parte de cada individuo y para ello es necesario aprehender valores éticos fundamentales en los que la empatía, el reconocimiento del otro o el amor al prójimo sean una verdad absoluta en la sociedad. En este sentido, Adela Cortina afirma que la sociedad debe pasar del “egoísmo estúpido a la cooperación inteligente” como uno de los principios básicos de funcionamiento de la vida social. “Cuidar de los que nos rodean es una obligación moral que demuestra cuán interdependientes somos, un hecho que “destroza desde hace mucho tiempo la leyenda del individualismo egoísta” (CORTINA, 1986).

            Jordi Borja (2002), quien ha realizado estudios sobre los derechos de los individuos en España y Latinoamérica, afirma que la ciudadanía es un proceso de conquista permanente de derechos formales y de exigencia de políticas públicas para hacerlos efectivos, y que los derechos han evolucionado a lo largo del tiempo.

            También Phillip Resnick apunta en la misma dirección cuando habla de lo que él denomina Democracia Global, que trasciende las fronteras y que se enfoca en los nuevos retos de las sociedades, que sin abandonar la búsqueda de la justicia social, procura tener en cuenta los cambios que ocurren a nivel mundial, impulsados por la ciencia y por las transformaciones culturales que nacen  con los nuevos medios de comunicación, que acercan a los ciudadanos y que no pueden dejar de producir cambios, tanto en cada individuo como en los crecientes conglomerados sociales. De allí que hay una necesidad creciente de adaptar la democracia con este nuevo ambiente y con las aspiraciones del ciudadano para que este sistema de gobierno se perfeccione y oriente sus actividades en función de la gente y no de quienes conforman los grupos de poder.

 

Referências Bibliográficas

BRASIL. Constituição da República Federativa do Brasil. 48. ed. Brasília: Câmara dos Deputados, Edições Câmara, 2015.

CORTINA, Adela. Ética Mínima. EDITORIAL TECNOS, S.A., Madrid, 1986.

FONSECA, Jumária Fernandes Ribeiro. O Orçamento Participativo e a Gestão Democrática de Goiânia. Dissertação (Mestrado em Desenvolvimento e Planejamento Territorial). Programa de Pós-Graduação em Desenvolvimento e Planejamento Territorial da Universidade Católica de Goiás. Goiânia, 2009.

MOSSÉ, Claude. Historia de una democracia, Atenas. Madrid: Akal Ediciones, 1987.

____. O cidadão na Grécia Antiga. Lisboa: Edições 70, 1999.

____. Péricles, o inventor da democracia. São Paulo: Estação Liberdade, 2008.

NASSUNO, Marianne. Burocracia e Participação: a experiência do orçamento participativo em Porto Alegre. Tese (Doutorado em Ciências Sociais). Departamento de Sociologia da Universidade de Brasília. Brasília, 2006.

PATEMAN, C. Participação e Teoria Democrática. Rio de Janeiro: Paz e Terra, 1992.

RAMOS JIMÉNEZ, Alfredo. Los Partidos Políticos em América Latina. Universidad de Los Andes, Mérida, Venezuela, 1995.

RESNICK, Phillip. La democracia del siglo XXI. Anthropos Editorial. Rubí Barcelona, 2007.

TOURRAINE, Alain. ¿Qué es la democracia? Fondo de Cultura Económica. México, 1995.

UBALDI, Pietro. La Gran Síntesis, IPU Venezuela, Maracaibo, 1992.

UBALDI, Pietro. A Nova Civilizacao do Terceiro Milenio. Fraternidad Francisco de Asís, Campos de Goytacazes, RJ, 2007.