Ética y Política en la Filosofía Antigua

Ética y Política en la Filosofía Antigua

por Alexsandro M. Medeiros

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publicado en: jan. 2021

Breve resumen de la ética griega clásica

            Si examinamos el pensamiento filosófico de los antiguos, veremos que la ética presenta en él algunos principios básicos de la vida moral y social:

1. Por naturaleza, los seres humanos aspiran al bien y la felicidad, que sólo puede alcanzarse mediante una conducta virtuosa;

2. La virtud es una fuerza interior del carácter, que consiste en la conciencia del bien y la conducta definida por la voluntad guiada por la razón (racionalismo), ya que corresponde a esta última controlar los instintos e impulsos irracionales incontrolados que existen en la naturaleza de cada ser humano;

3. La conducta ética es aquella en la que el agente sabe lo que está y lo que no está en su poder realizar, refiriéndose, por tanto, a lo que es posible y deseable para un ser humano. Saber lo que está en nuestro poder significa, sobre todo, no dejarnos arrastrar por las circunstancias, ni por los instintos, ni por la voluntad ajena, sino afirmar nuestra independencia y nuestra capacidad de autodeterminación;

4. En el apogeo de la filosofía, la justicia y todas las demás virtudes éticas eran virtudes políticas y sociales, referidas a la polis, lo que denota una cierta inseparabilidad entre ética y política, es decir, entre la conducta del individuo y los valores de la sociedad, porque solo en la existencia compartida con los demás encontramos la libertad, la justicia y la felicidad. En cierto sentido, el lema máximo de la ética coincide con el de la política, que es el bien común.

 

            El sujeto ético o moral no se somete a la suerte, la voluntad y los deseos de otro, la tiranía de las pasiones, sino que obedece sólo a su conciencia, que conoce el bien y las virtudes, y a su voluntad racional, que conoce los medios adecuados para alcanzar los fines morales. La búsqueda del bien y la felicidad son la esencia de una vida ética.

           Los filósofos antiguos consideraban la vida ética como una lucha continua entre nuestros apetitos y deseos, las pasiones, y nuestra razón. Por naturaleza, somos apasionados y la tarea principal de la ética es educar nuestro carácter o nuestra naturaleza, para seguir la guía de la razón. La voluntad tuvo un lugar fundamental en esta educación, ya que fue ésta la que hubo que fortalecer para permitir que la razón controle y domine las pasiones.

            El apasionado es aquél que se deja arrastrar por todo aquello que inmediatamente satisface sus apetitos y deseos, convirtiéndose en su esclavo. No conoce la moderación, lo busca todo desmedidamente, acabando víctima de sí mismo.

            La ética, por tanto, fue concebida como educación del carácter del sujeto moral para dominar racionalmente impulsos, apetitos y deseos, para orientar la voluntad hacia el bien y la felicidad, y para formarlo como miembro de la colectividad sociopolítica. Su finalidad era la armonía entre el carácter del sujeto virtuoso y los valores colectivos, que también deben ser virtuosos.

 

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